¿Era María Magdalena una prostituta?

No. La Biblia nunca dice que María Magdalena fuera prostituta. Ninguno de los cuatro Evangelios, ni ningún otro libro del Nuevo Testamento, relaciona su nombre con la prostitución. Lo que los textos afirman es muy distinto: de ella habían salido siete demonios, siguió a Jesús entre las mujeres que servían al grupo, estuvo presente en la crucifixión y fue al sepulcro la mañana de la resurrección. La imagen de la prostituta arrepentida llegó después, de una tradición de lectura que la Escritura no respalda.

Lo que la Escritura dice realmente sobre su pasado

Lucas presenta a María Magdalena en Lc 8:1-3. Jesús iba por ciudades y aldeas predicando el reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades. El texto nombra a María, llamada Magdalena, de quien habían salido siete demonios, junto con Juana, mujer de Chuza, y Susana, y otras muchas que los servían con sus bienes.

Fíjate en lo que el texto afirma y en lo que calla. Habla de una aflicción de la que ella fue liberada. No habla de pecado sexual, de venta del cuerpo ni de vida inmoral. Mr 16:9 repite el dato de los siete demonios y, según ese versículo, fue Jesús quien los expulsó; pero ese versículo pertenece al final largo de Marcos, que algunos de los manuscritos más antiguos no incluyen, de modo que el apoyo principal es Lucas. La Escritura tampoco explica qué representaban esos siete demonios. Algunos intérpretes ven en el número siete una señal de gravedad, pero eso es una interpretación, no una afirmación del texto.

El nombre «Magdalena» apunta, con toda probabilidad, a su ciudad de origen, Magdala, a orillas del mar de Galilea. Seguramente servía para distinguirla de las otras Marías que seguían a Jesús.

De dónde salió la idea de que era prostituta

Para entender el error hay que mirar a otra mujer. En Lc 7:36-50, una mujer de la ciudad, a quien el texto llama pecadora (en griego, hamartōlós), entra en la casa de un fariseo llamado Simón, llora a los pies de Jesús, se los enjuga con sus cabellos, los besa y los unge con perfume. Jesús la perdona y la despide en paz. Lucas no da su nombre ni dice cuál era su pecado. Muchos lectores supusieron que era un pecado sexual, pero eso es una suposición: el texto dice solamente «pecadora».

Inmediatamente después, en Lc 8:2, Lucas presenta a María Magdalena como un personaje nuevo, con los siete demonios como dato de identificación. Ninguna palabra de Lucas une a las dos mujeres. Entra aquí otro relato: Juan cuenta que María de Betania, hermana de Marta y de Lázaro, también ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos (Jn 11:2; Jn 12:1-8). El gesto parecido probablemente ayudó a mezclar las historias en la memoria de los lectores, aunque el escenario es distinto: Lucas habla de la casa de Simón el fariseo, en una ciudad que el texto no nombra; Juan habla de Betania, seis días antes de la Pascua. Los estudiosos discuten cómo relacionar los distintos relatos de unción (Mt 26:6-13; Mr 14:3-9; Lc 7:36-50; Jn 12:1-8), pero en ninguno de ellos la mujer recibe el nombre de María Magdalena.

La fusión de las tres mujeres, la pecadora de Lucas 7, María de Betania y María Magdalena, quedó fijada en Occidente por una homilía del papa Gregorio Magno, predicada a finales del siglo VI. Él leyó a las tres como una sola persona y entendió los siete demonios como la suma de sus vicios. Era una lectura de predicador, usada para hablar del arrepentimiento, no una definición de fe. Pero la predicación, el arte y las leyendas medievales la extendieron por Occidente, y la imaginación popular completó el resto: la pecadora anónima se convirtió en prostituta, y a la prostituta se le dio el nombre de María Magdalena. Durante siglos, instituciones para mujeres llamadas «caídas» llevaron su nombre.

La propia Iglesia católica, que heredó esa tradición, dejó de identificarla con la pecadora anónima en la liturgia (en las lecturas de la misa y en el título de «penitente») con la revisión del calendario de 1969. Fue un cambio litúrgico, no una definición doctrinal. En 2016, el Vaticano elevó su memoria a fiesta, con el título de «apóstol de los apóstoles». Las Iglesias orientales suelen tratarlas como mujeres distintas. Corregir este error, por tanto, no es una disputa entre católicos y protestantes: es volver al texto.

Cuando la Biblia quiere decir prostituta, lo dice

El Nuevo Testamento conoce la palabra y la usa sin rodeos. En Mt 21:31-32, Jesús dice a los líderes religiosos que los publicanos y las prostitutas (en griego, pórnē) que creyeron entran en el reino de Dios antes que ellos. He 11:31 y Stg 2:25 llaman a Rahab con el mismo término, y Jos 2:1 ya la presentaba así. Con María Magdalena, ningún autor bíblico emplea esa palabra ni equivalente alguno. Quien la llama prostituta habla por tradición, no por la Escritura.

Quién fue en realidad María Magdalena en los Evangelios

Quitada la etiqueta, lo que queda es el retrato de una discípula fiel. Los Evangelios la sitúan en casi todos los momentos decisivos:

  • En la crucifixión: mientras la mayoría de los discípulos había huido (Mt 26:56), ella estaba entre las mujeres que contemplaron la muerte de Jesús (Mt 27:55-56; Mr 15:40; Jn 19:25).
  • En la sepultura: vio dónde fue colocado el cuerpo (Mt 27:61; Mr 15:47).
  • El domingo, muy temprano: fue al sepulcro (Mt 28:1; Mr 16:1; Lc 24:1-10) y, en Juan, lo encontró abierto (Jn 20:1).
  • En el encuentro con el Resucitado: llorando junto a la tumba, no lo reconoció hasta oír su propio nombre, «María», y responder «Raboni», palabra que significa maestro (Jn 20:11-16).
  • En la misión recibida: Jesús la envió a los discípulos, y ella fue a anunciar: «He visto al Señor» (Jn 20:17-18).

Este último punto merece atención. En el relato de Juan, ella fue la primera en ver al Señor resucitado (Jn 20:14-16), y fue a ella a quien él mismo confió el anuncio a los discípulos (Jn 20:17-18). Mt 28:9-10 muestra a Jesús saliendo también al encuentro de ella y de la otra María. El texto no oculta que los apóstoles recibieron el relato con escepticismo: Lc 24:10-11 dice que las palabras de las mujeres les parecían locura. La tradición cristiana llamó a María Magdalena «apóstol de los apóstoles», en el sentido de enviada a anunciar, y ese título describe mucho mejor lo que muestra la Escritura que la etiqueta de prostituta.

Qué cambia cuando corregimos este error

Primero, cambia la fidelidad al texto. Añadir a la Escritura lo que no dice es un error, aun cuando la historia parezca edificante. Llamar a María Magdalena prostituta redujo a una discípula fiel a lo peor que se imaginó sobre ella y ensombreció lo que los Evangelios destacan de verdad: liberación, fidelidad y testimonio.

Segundo, cambia cómo leemos la gracia. Corregir el error no significa que el evangelio sea menos para quien tiene un pasado como el que la tradición le atribuyó. Jesús perdonó a la mujer pecadora de Lc 7:47-50, y todos necesitamos ese perdón (Ro 3:23). La diferencia es de honestidad: la gracia de Cristo no necesita una biografía inventada para ser grande.

Tercero, cambia lo que hacemos con las etiquetas. En los Evangelios, a María Magdalena se la recuerda por la liberación que recibió y por lo que hizo a partir de ella: siguió, sirvió, permaneció y anunció. El pasado de alguien, real o supuesto, no es la última palabra sobre esa persona; fue Cristo quien llamó a María por su nombre.

Referencias bíblicas clave

Lc 8:1-3 · Lc 7:36-50 · Jn 20:1-18 · Jn 19:25 · Jn 12:1-8 · Mt 28:1-10 · Mr 15:40-41

Preguntas frecuentes

¿Cuáles eran los siete demonios de María Magdalena?

La Biblia no lo dice. Lc 8:2 afirma que de ella habían salido siete demonios y la sitúa entre las mujeres sanadas de espíritus malos y de enfermedades, sin describir su caso. Que fuera pecado sexual es una suposición posterior; el texto habla de aflicción y de liberación.

¿Estuvo María Magdalena casada con Jesús?

Ningún texto del Nuevo Testamento lo dice ni lo sugiere. La idea procede en buena parte de lecturas de escritos apócrifos posteriores y de novelas modernas, que no tienen el peso de la Escritura. Los Evangelios la presentan como discípula, no como esposa de Jesús.

¿Por qué la llaman Magdalena?

Con toda probabilidad por Magdala, la ciudad de la que procedía, a orillas del mar de Galilea. La Escritura no explica el nombre, pero seguramente servía para distinguirla de las otras Marías del grupo de Jesús.

Si hubiera sido prostituta, ¿cambiaría eso el evangelio?

No. El evangelio alcanza a quienes tienen ese pasado: en Mt 21:31-32, Jesús dice que los publicanos y las prostitutas que creyeron entran en el reino de Dios antes que los líderes religiosos que no creyeron. Pero aquí la cuestión es qué dice el texto, y sobre María Magdalena no dice eso.