María

María es el nombre femenino más frecuente del Nuevo Testamento. Al menos seis, y probablemente siete, mujeres distintas lo llevan, y distinguirlas es el primer paso para leer los Evangelios y Hechos con cuidado. La más conocida es María, la madre de Jesús, pero el nombre pertenece también a María Magdalena, María de Betania, María la madre de Jacobo y José, María la mujer de Cleofas, María la madre de Juan Marcos y una cristiana de Roma a la que Pablo saluda.

La popularidad del nombre entre los judíos de Palestina en el siglo I está bien documentada. Las inscripciones en osarios y otras fuentes de la época muestran que María era el nombre femenino más frecuente del período y que, junto con Salomé, abarca una gran parte de las mujeres cuyos nombres conocemos. Eso explica por qué los evangelistas añaden tantas veces un complemento: la ciudad de origen (Magdala, Betania), el esposo (Cleofas) o un hijo (Jacobo, José, Juan Marcos).

Este artículo recorre a todas estas mujeres, ciñéndose a lo que la Escritura realmente dice. Las tradiciones posteriores que van más allá del texto bíblico se presentan como tradiciones, no como enseñanza.

1. Etimología y significado

El Nuevo Testamento griego escribe el nombre de dos maneras: Maria (Μαρία) y Mariam (Μαριάμ), la segunda una transcripción directa del hebreo Miryam (מִרְיָם). Es el mismo nombre de la hermana de Moisés y Aarón, a quien la Reina-Valera llama “María la profetisa”, que dirigió a las mujeres de Israel en cántico después del paso del mar Rojo (Éxodo 15:20-21; véase también Números 12:1-15; Números 26:59; Miqueas 6:4). Los padres judíos que llamaban Miryam a una hija en tiempos de Jesús recordaban a esa heroína del éxodo, y el nombre lo había llevado también la princesa asmonea Mariamne, esposa de Herodes el Grande.

El significado es incierto. Intérpretes antiguos lo relacionaban con el hebreo mar (amargo) o meri (rebeldía), pero esas explicaciones son más populares que académicas. Muchos especialistas prefieren hoy un origen egipcio, de la raíz mry (amar, amado), lo que concuerda con el ambiente egipcio de la familia de Moisés, donde nombres como Moisés y Finees parecen también egipcios. Otras propuestas, como “exaltada” o “hija deseada”, tienen defensores. Ninguna puede probarse, y lo más prudente es decir que el nombre probablemente significa “amada”, reconociendo la incertidumbre.

2. Contexto histórico y uso bíblico

María, la madre de Jesús

María de Nazaret era una joven desposada con José, descendiente de David, cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría por el Espíritu Santo y daría a luz al Hijo del Altísimo (Lucas 1:26-38). Mateo narra el mismo suceso desde el punto de vista de José y ve en él el cumplimiento de Isaías 7:14 (Mateo 1:18-25). Visitó a su parienta Elisabet, entonó el Magníficat (Lucas 1:46-55), dio a luz en Belén, presentó al niño en el templo, donde Simeón le anunció que una espada traspasaría su misma alma (Lucas 2:35), y buscó a Jesús, de doce años, en Jerusalén (Lucas 2:41-51). Aparece en las bodas de Caná (Juan 2:1-11), con los hermanos de Jesús que lo buscaban (Marcos 3:31-35), junto a la cruz (Juan 19:25-27) y, por último, orando con los discípulos en Jerusalén antes de Pentecostés (Hechos 1:14). Después de eso el Nuevo Testamento no dice nada más de ella.

María Magdalena

María, llamada Magdalena, era de Magdala, un pueblo de pescadores en la orilla occidental del mar de Galilea. Jesús había echado de ella siete demonios, y ella estaba entre las mujeres que servían al Señor con sus bienes (Lucas 8:2-3). Estuvo cerca de la cruz (Marcos 15:40; Juan 19:25), vio dónde pusieron a Jesús (Marcos 15:47) y fue la primera en ver al Señor resucitado (Juan 20:11-18; compárese Marcos 16:9, en un pasaje cuya historia textual se discute). La Escritura nunca la llama prostituta. Su identificación con la mujer pecadora de Lucas 7:36-50 se remonta a un sermón del papa Gregorio Magno en el año 591 y no tiene base en el texto.

María de Betania

Hermana de Marta y Lázaro, esta María vivía en Betania, a unos tres kilómetros de Jerusalén (Juan 11:18). Se sentó a los pies de Jesús para oír su palabra (Lucas 10:38-42), lloró la muerte de su hermano (Juan 11:28-33) y, seis días antes de la Pascua, ungió a Jesús con un perfume de nardo muy costoso (Juan 12:1-8). Mateo y Marcos relatan una unción en Betania sin dar el nombre de la mujer (Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9); Juan nos dice que era María.

Otras mujeres llamadas María

María la madre de Jacobo el menor y de José presenció la crucifixión, vio la sepultura y fue al sepulcro la mañana de la resurrección (Marcos 15:40, 47; Marcos 16:1; Lucas 24:10); Mateo la llama “la otra María” (Mateo 27:61; Mateo 28:1). Juan menciona a María mujer de Cleofas junto a la cruz (Juan 19:25); muchos intérpretes la identifican con la madre de Jacobo y José, aunque no puede probarse. María la madre de Juan Marcos tenía en Jerusalén una casa donde la iglesia se reunía a orar, y allí fue Pedro al ser liberado de la cárcel (Hechos 12:12). Por último, Pablo saluda en Roma a una María “la cual ha trabajado mucho entre vosotros” (Romanos 16:6), sierva fiel de la que no sabemos nada más.

3. Principales pasajes

Lucas 1:38 recoge la respuesta de María al ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” Es el lenguaje de la fe que se somete a la palabra de Dios antes de entenderlo todo. Su cántico en Lucas 1:46-55, lleno de ecos de la oración de Ana (1 Samuel 2:1-10), celebra a un Dios que esparce a los soberbios y exalta a los humildes, y comienza con las palabras “mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47): la misma María confiesa su necesidad de salvación.

En Caná, su indicación a los sirvientes, “Haced todo lo que os dijere” (Juan 2:5), aparta la mirada de ella y la dirige al Hijo. Cuando una mujer de la multitud bendijo el vientre que había llevado a Jesús, él respondió: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:27-28). Los Evangelios honran a María, sobre todo, como oyente y hacedora de la palabra.

De María de Betania dijo Jesús que había escogido “la buena parte” (Lucas 10:42), la atención a su palabra. Defendió su generosa unción como preparación para su sepultura y prometió que se contaría dondequiera que se predicara el evangelio (Marcos 14:8-9). En Juan 20:16-18 el Cristo resucitado llama a María Magdalena por su nombre, y ella es la primera en anunciar a los discípulos que había visto al Señor.

4. Significado teológico

Las mujeres llamadas María muestran cómo Dios obra por medio de personas comunes. La concepción virginal, afirmada con claridad en Mateo 1:18-25 y Lucas 1:34-35, no es premio al mérito de María sino señal de que la salvación nace de la iniciativa de Dios: el Hijo eterno vino “nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley” (Gálatas 4:4-5). María es con razón llamada bienaventurada (Lucas 1:48), pero la Escritura la presenta como una creyente que necesitaba un Salvador, no como mediadora ni como objeto de oración. Doctrinas como la inmaculada concepción, la virginidad perpetua, la asunción corporal o el papel de corredentora no se enseñan en el texto bíblico. Mateo 1:25 y la mención de los hermanos y hermanas de Jesús (Marcos 6:3) se leen con más naturalidad como indicio de que José y María tuvieron otros hijos después de Jesús.

Las otras Marías destacan el lugar de las mujeres entre los discípulos. Siguieron a Jesús desde Galilea, lo sostuvieron con sus recursos, permanecieron cerca de la cruz cuando la mayoría de los hombres había huido y fueron las primeras testigos del sepulcro vacío y del Señor resucitado (Mateo 28:1-10). En una cultura en la que el testimonio femenino a menudo se despreciaba, los Evangelios las convirtieron en testigos centrales, un detalle que también habla a favor de la honestidad de los relatos.

5. Legado y referencias canónicas

La María hebrea del éxodo y la María griega de los Evangelios forman un vínculo en el canon: el nombre de la profetisa que cantó la liberación de Israel lo lleva la joven que cantó la venida del Salvador. En el Nuevo Testamento el nombre aparece más de cincuenta veces, repartido entre los cuatro Evangelios, Hechos y Romanos. La madre de Jesús es nombrada por última vez en Hechos 1:14; las epístolas se refieren a ella solo de manera indirecta (Gálatas 4:4).

La historia cristiana ha confundido a menudo a estas mujeres: a María Magdalena con la pecadora de Lucas 7, a María de Betania con María Magdalena, y a la madre de Jesús la ha rodeado de leyendas tomadas de escritos apócrifos como el llamado Protoevangelio de Santiago. Los reformadores insistieron en volver al texto, honrando a María como ejemplo de fe y rechazando la veneración que había crecido a su alrededor. Una lectura cuidadosa distingue a las mujeres y deja que el testimonio de cada una hable por sí mismo.

6. Aplicación para hoy

Cada María ofrece una lección. La madre de Jesús nos enseña a recibir la palabra de Dios con confianza humilde y a seguir meditándola en el corazón (Lucas 2:19). María Magdalena recuerda que ningún pasado es demasiado oscuro para que Cristo lo redima, y que las personas agradecidas se convierten en testigos fieles. María de Betania muestra que sentarse a los pies de Jesús nunca es tiempo perdido, y que el amor por él puede ser generoso. Las madres, esposas y colaboradoras nombradas en Hechos y Romanos recuerdan que la iglesia se edifica con muchos siervos fieles cuyos nombres apenas quedaron registrados, pero cuyo trabajo el Señor no olvida (Hebreos 6:10).

Sobre todo, cada María señala más allá de sí misma. La madre de Jesús dijo: “Haced todo lo que os dijere.” La mejor manera de honrar a estas mujeres es seguir su mirada y poner los ojos en el Hijo al que amaron, sirvieron y anunciaron.