¿Deben los cristianos guardar la Cuaresma?
La Biblia no exige a ningún cristiano guardar la Cuaresma: ni la manda ni la prohíbe. Quien la guarda de forma voluntaria, como una disciplina para volver el corazón hacia Cristo, actúa con libertad, y también quien no la guarda. Lo que la Escritura rechaza es convertir la Cuaresma en un requisito para ser aceptado por Dios, o en un motivo para juzgar a un hermano o a una hermana.
¿Está la Cuaresma en la Biblia?
No. La palabra no aparece nunca en la Escritura, y ningún texto manda a la iglesia apartar cuarenta días de ayuno o de penitencia antes de la Pascua. Los apóstoles no dejaron un calendario de ese tipo.
El número cuarenta, sin embargo, sí es bíblico, y los escritores cristianos antiguos lo asociaron con la costumbre. Moisés pasó cuarenta días en el monte con el Señor (Éxodo 24:18; 34:28), Elías caminó cuarenta días hasta el monte Horeb (1 Reyes 19:8) y Jesús ayunó cuarenta días en el desierto antes de ser tentado (Mateo 4:1-2). Cada uno de esos episodios lo vivió una sola persona, en un momento concreto del plan de Dios. En ninguno de ellos el texto dice que el pueblo de Dios deba repetir ese período cada año.
Eso separa dos cosas que suelen ir juntas. El ayuno es una práctica que la Biblia conoce y recomienda. La Cuaresma es una costumbre posterior que organiza el ayuno y la penitencia en un calendario.
¿Cómo surgió la Cuaresma en la historia de la iglesia?
El panorama general se conoce, pero los historiadores discuten las fechas exactas, de modo que conviene ser prudentes. Los cristianos ya ayunaban antes de la Pascua en los primeros siglos, aunque no de manera uniforme. A finales del siglo II, Ireneo de Lyon recordó al obispo de Roma que las iglesias diferían incluso en la duración de ese ayuno: unas guardaban un día, otras dos o más.
La referencia más antigua a un período de cuarenta días suele buscarse en el siglo IV. El Concilio de Nicea (325) menciona la τεσσαρακοστή (tessarakostē, «cuadragésima») al fijar el calendario de las reuniones de los obispos, y los estudiosos debaten si el término ya designaba el ayuno previo a la Pascua tal como lo conocemos. A lo largo de ese siglo, varios autores empiezan a hablar de cuarenta días de preparación para la Pascua, con cómputos y normas que variaban de una región a otra, e incluso como tiempo de instrucción para los candidatos al bautismo.
El rito de la ceniza y el Miércoles de Ceniza son todavía posteriores y se fueron configurando en la Edad Media. En la Reforma del siglo XVI se cuestionaron las normas obligatorias sobre los alimentos: en Zúrich, en 1522, Zuinglio sostuvo que la Escritura no impone tales restricciones.
Hoy las iglesias católica y ortodoxa, así como las anglicanas, luteranas y metodistas, entre otras, mantienen la Cuaresma en su calendario. En esas tradiciones es una práctica del calendario eclesiástico, no un mandamiento sacado de la Escritura, y su rigor varía mucho de una tradición a otra. En la tradición bautista, la Cuaresma no se impone, y muchas iglesias bautistas y otras iglesias evangélicas tradicionalmente no la guardan, aunque algunas la usan hoy como un tiempo de preparación para la Pascua.
¿Qué enseñan Jesús y Pablo sobre el ayuno y los días especiales?
Jesús da por hecho que sus discípulos ayunarán: habla de cuando ayunen, no de si ayunan. Pero corrige la motivación. El ayuno no es una vitrina de espiritualidad; se hace delante del Padre, que ve en lo secreto (Mateo 6:16-18). En Mateo 9:14-15 dice que, cuando el esposo les sea quitado, sus discípulos ayunarán. Los profetas ya habían advertido que el ayuno que Dios quiere es más que privarse de comida: incluye la justicia, compartir con el necesitado y un corazón quebrantado (Isaías 58:6-7; Joel 2:12-13).
Sobre los días y las temporadas especiales, Pablo no habla de la Cuaresma, que todavía no existía, pero el principio que enseña se aplica. En Romanos 14:5-6 reconoce que uno estima un día más que otro y otro estima iguales todos los días, y pide que cada uno esté plenamente convencido en su propia mente y obre para el Señor. En Romanos 14:3 pide que el que se abstiene no juzgue al que no se abstiene, y que el que no se abstiene no menosprecie al que lo hace. En Colosenses 2:16-17 dice que nadie debe juzgar a los creyentes por la comida, la bebida, las fiestas o los días de reposo, que son sombra de lo que ha de venir, mientras que el cuerpo es de Cristo. En Colosenses 2:20-23 advierte que las reglas de abstinencia impuestas tienen apariencia de sabiduría, pero carecen de valor contra los deseos de la carne. Y en Gálatas 4:9-11, en el contexto de la presión por adoptar la ley como condición de aceptación, teme por los creyentes que estaban guardando los días, los meses, los tiempos y los años, como si eso los hiciera aceptables ante Dios.
¿Es pagana la Cuaresma? ¿Y genera méritos?
Hay dos malentendidos, uno en cada extremo. El primero dice que la Cuaresma es un invento pagano, vinculado, por ejemplo, al culto babilónico de Tamuz. La afirmación circula en algunos ambientes, pero las fuentes históricas no la respaldan: los registros más antiguos muestran a los cristianos ayunando antes de la Pascua para recordar la pasión de Cristo. Una costumbre puede ser opcional sin ser idolátrica, y acusar de paganismo a otros creyentes sin base histórica no edifica a nadie.
El segundo malentendido es el contrario: pensar que renunciar a algo durante cuarenta días acumula méritos o compra el perdón. La salvación es por gracia, mediante la fe, en Cristo solamente (Efesios 2:8-9), y su sacrificio fue suficiente una vez para siempre (Hebreos 10:12-14). Dejar el chocolate, la carne o las redes sociales no acerca a nadie a Dios por sí solo; lo que cuenta es lo que se pone en su lugar, y por qué.
Hay un tercer error, más sutil: suponer que quienes no guardan la Cuaresma son menos espirituales. Nada en la Escritura respalda eso. Todos los días de la vida cristiana son días de arrepentimiento y de resurrección, porque el creyente vive desde la cruz y la tumba vacía, no desde una temporada del año.
Si quiero guardar la Cuaresma, ¿cómo evito el legalismo?
Quien decide guardar la Cuaresma puede hacerlo como una disciplina voluntaria y sana, siempre que cuide algunas cosas:
- Elíjala por convicción, no por presión del grupo (Romanos 14:5).
- Ponga algo en lugar de lo que deja: oración, lectura de los relatos de la pasión en los Evangelios, reconciliación con alguien, generosidad con los pobres (Isaías 58:6-7).
- Manténgala libre de ostentación (Mateo 6:16-18). No anuncie el sacrificio ni espere lo mismo de los demás.
- Cuide su salud. Quien esté enfermo, esté embarazada o tenga antecedentes de un trastorno alimentario no debe ayunar de comida y puede elegir otra forma de abstinencia.
- No trate el ayuno como moneda de cambio: prepara el corazón, pero no obliga a Dios a actuar.
- Termine en el gozo de la resurrección (1 Corintios 15:3-4).
Quienes prefieren no guardar la Cuaresma no tienen por qué sentir culpa. Pueden cultivar el mismo enfoque en Cristo durante todo el año, mediante la Cena del Señor, el culto del domingo, el ayuno cuando el Espíritu los guíe y la lectura constante de la Escritura. En las iglesias locales donde la Cuaresma no es la norma, los líderes pueden invitar y enseñar el significado de la práctica, pero deben evitar imponerla como una exigencia de conciencia (Romanos 14:5), puesto que cada creyente responde ante el Señor según su propia convicción.
Se guarde o no, el centro sigue siendo el mismo: Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4). La Cuaresma sirve a ese centro cuando lo señala, y pierde su sentido cuando ocupa su lugar.
Referencias bíblicas clave
Ro 14:5-6 · Col 2:16-23 · Gá 4:9-11 · Mt 6:16-18 · Mt 9:14-15 · Is 58:6-7 · Jl 2:12-13 · Mt 4:1-2