¿Cuál es el papel de los diáconos en la iglesia?
Los diáconos son los siervos reconocidos de la iglesia local: el nombre viene del griego diakonos (siervo, ayudante), y el Nuevo Testamento exige de ellos un carácter probado (1 Timoteo 3:8-13). Ningún texto enumera las tareas del cargo, pero el modelo de Hechos 6:1-6 señala el camino: atender las necesidades prácticas de la comunidad para que la oración y la Palabra permanezcan en el centro de la vida de la iglesia. Pablo dice que quienes sirven bien en este papel ganan una buena posición y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús (1 Timoteo 3:13).
¿Qué significa «diácono» y dónde habla de los diáconos el Nuevo Testamento?
La palabra griega diakonos (διάκονος) significa siervo o ayudante, y su uso es amplio. Aparece para Cristo, hecho siervo de la circuncisión (Romanos 15:8), para quien quiere ser grande entre los discípulos (Marcos 10:43), para Pablo y Apolos (1 Corintios 3:5) e incluso para la autoridad civil (Romanos 13:4). Como nombre de un grupo reconocido dentro de la iglesia, aparece en dos textos principales. En Filipenses 1:1, Pablo saluda a los santos de Filipos junto con los supervisores (episkopoi, «obispos» en la Reina-Valera) y los diáconos. En 1 Timoteo 3:8-13 describe el carácter que se exige a quienes ocupan este servicio. El uso amplio de la palabra es una primera advertencia: el diácono es, ante todo, una persona de servicio, y el título no exime a los demás creyentes de servir.
¿Cuenta Hechos 6 el origen de los diáconos?
Hechos 6:1-6 es el relato que más se acerca al origen del cargo, con una salvedad: el texto no llama «diáconos» a los siete. Usa el verbo diakonein (servir) para la atención de las mesas y el sustantivo diakonia (servicio) tanto para la distribución diaria como para el ministerio de la palabra (Hechos 6:1-4). Que los Siete hayan sido los primeros diáconos es una lectura antigua y común entre los cristianos, pero es una inferencia, no una afirmación del texto. Por eso, el enfoque en las necesidades prácticas viene de Hechos 6 por analogía y de la práctica de las iglesias, ya que ningún texto enumera las tareas de los diáconos.
La escena es esta. La iglesia crecía en Jerusalén, y las viudas de los judíos de habla griega eran desatendidas en la distribución diaria. Los Doce convocaron a los discípulos y dijeron que no era justo abandonar la palabra de Dios para servir a las mesas. Pidieron que la asamblea escogiera a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, mientras ellos se dedicarían a la oración y al ministerio de la palabra. La propuesta agradó a todos, y la asamblea eligió a Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, de Antioquía. Los apóstoles oraron y les impusieron las manos.
Aquí caen dos malentendidos comunes. El primero trata el servicio práctico como una tarea menor, pero los Siete debían ser hombres llenos del Espíritu y de sabiduría. El segundo imagina que quien sirve a las mesas solo hace eso: Esteban predicó y dio testimonio hasta la muerte (Hechos 6:8-7:60), y Felipe anunció a Cristo en Samaria (Hechos 8:5) y llegó a ser conocido como el evangelista (Hechos 21:8). La división del trabajo de Hechos 6 protege la oración y la Palabra sin rebajar el cuidado de quienes pasan necesidad.
¿Qué vida pide la Biblia a un diácono?
En 1 Timoteo 3:8-13, Pablo mira primero la vida y solo después el talento. La lista incluye:
- Digno, de palabra confiable, sin doblez al hablar (1 Timoteo 3:8).
- Sin adicción al vino y sin ambición de ganancias deshonestas (1 Timoteo 3:8).
- Firme en la fe, guardando su misterio con la conciencia limpia (1 Timoteo 3:9).
- Probado antes de servir; solo después ejerce el servicio, si no hay acusación contra él (1 Timoteo 3:10).
- Marido de una sola mujer, que gobierna bien a sus hijos y su propia casa (1 Timoteo 3:12).
La expresión «marido de una sola mujer» tiene un alcance discutido entre los intérpretes, pero como mínimo apunta a la fidelidad en el matrimonio. Dos observaciones ayudan. La lista de los supervisores incluye ser apto para enseñar (1 Timoteo 3:2) y la de los diáconos no repite ese requisito, lo que sugiere que el enfoque del diaconado es el servicio, aunque Esteban y Felipe muestran que servir y dar testimonio no se excluyen. Y la exigencia de ser probado primero impide que el cargo se dé por simpatía, influencia o dinero.
¿Puede una mujer ser diaconisa?
Dos textos pesan aquí. En Romanos 16:1, Pablo recomienda a nuestra hermana Febe como diakonos de la iglesia en Cencrea y cuenta que ella ayudó a muchos, a Pablo mismo incluido (Romanos 16:2). Es la misma palabra griega que se traduce «diácono» en otros textos, y las Biblias varían entre «sierva», «diaconisa» y «diácono». En 1 Timoteo 3:11, en medio de las exigencias a los diáconos, Pablo habla de gynaikas, palabra que puede significar mujeres o esposas, y pide que también ellas sean serias, sobrias y fieles en todo. El texto griego no trae el posesivo «sus».
Los cristianos fieles discrepan aquí. Unos leen a Febe y a las mujeres de 1 Timoteo 3:11 como diaconisas, y hay registro de diaconisas en los primeros siglos de la iglesia. Otros entienden que Febe fue sierva y bienhechora sin cargo formal, ya que diakonos es también una palabra común para cualquier servicio, y que 1 Timoteo 3:11 habla de las esposas de los diáconos. En las dos lecturas el punto de partida es el mismo: la Escritura muestra a mujeres al servicio de la iglesia de un modo reconocido y elogiado por Pablo. En Midvash reconocemos el ministerio de la mujer en la iglesia y vemos en Febe una razón sólida para abrirle lugar en el diaconado, sin tratar como infiel a quien lee de otro modo. La pregunta sobre las mujeres pastoras tiene su propia respuesta aquí en Midvash.
¿Quién dirige la iglesia: los diáconos o los pastores?
El Nuevo Testamento describe al diácono por el servicio, y el modelo de Hechos 6 muestra una manera de escoger a quienes sirven: la asamblea elige y los líderes confirman con oración. En las iglesias de gobierno congregacional, como las bautistas, es la propia asamblea la que elige a sus diáconos, a ejemplo de la multitud que escogió a los Siete (Hechos 6:3-5). Los cristianos fieles discrepan en la forma: las iglesias católica, ortodoxa y anglicana ordenan al diácono como primer grado de un ministerio de tres niveles, y muchas iglesias presbiterianas lo eligen como oficial dedicado a la misericordia y a las necesidades materiales.
El Nuevo Testamento no presenta a los diáconos como el gobierno de la iglesia. Aparecen como siervos, mientras que pastorear, dirigir y enseñar aparecen como tarea de los supervisores, llamados también ancianos, a quienes el Nuevo Testamento aplica el verbo pastorear (Hechos 20:17; Hechos 20:28; Tito 1:5-7; 1 Timoteo 3:2; 1 Timoteo 5:17; 1 Pedro 5:1-2). A esto se suma el principio congregacional: la última palabra sobre la vida de la iglesia local vuelve a la asamblea. Es de estas dos cosas, y no de una orden explícita del texto, de donde se saca la conclusión de que el diaconado es servicio, y no una junta que gobierna la iglesia o vigila al pastor. Quien lo practica de otro modo no es infiel: hay iglesias fieles, bautistas incluidas, con una junta de diáconos. En la práctica de hoy, las iglesias suelen confiar a los diáconos el cuidado de los necesitados, la visita a los enfermos, la ayuda en las ordenanzas y la administración de los fondos de misericordia. Muchas les dan también funciones de consejería y administración. Eso es práctica local legítima, siempre que no borre lo que el cargo es: servicio.
Nada de esto convierte el servicio en un privilegio de quien lleva el título. Jesús enseñó que quien quiera ser grande entre los discípulos debe servir (Marcos 10:43-45), y Pedro manda a cada uno usar el don recibido para servir a los demás (1 Pedro 4:10-11). El diácono es el rostro visible y reconocido de un llamado que pertenece a toda la iglesia. Para quienes eligen, el criterio es el carácter probado, no la influencia ni el dinero; para quien es elegido, el título es una invitación a servir más, no a mandar más.
Referencias bíblicas clave
Hch 6:1-6 · Fil 1:1 · 1 Ti 3:8-13 · Ro 16:1-2 · Mr 10:43-45 · 1 P 4:10-11 · Hch 20:28