Persia
Persia fue el centro del vasto imperio que gobernó el antiguo Oriente Próximo durante unos dos siglos, desde la caída de Babilonia ante Ciro el Grande en el 539 a.C. hasta la victoria de Alejandro Magno sobre el último rey persa en el 331 a.C. Su tierra de origen estaba al noreste del golfo Pérsico, en lo que hoy es el suroeste de Irán. En la Biblia, Persia es el poder bajo el cual los desterrados judíos volvieron de Babilonia, reedificaron el templo de Jerusalén y restauraron los muros de la ciudad.
Los libros de Esdras, Nehemías, Ester y Daniel, junto con los profetas Hageo y Zacarías, se desarrollan bajo el dominio persa. La Escritura nombra a varios de sus reyes: Ciro, cuyo decreto permitió el regreso de los desterrados; Darío, bajo quien se terminó el segundo templo; Asuero, identificado por lo general con Jerjes I, el rey del libro de Ester; y Artajerjes, que envió a Esdras y a Nehemías a Jerusalén.
Los escritores bíblicos presentan a estos reyes como poderosos, pero nunca como la última palabra. Detrás de cada decreto persa está el propósito del Dios de Israel, que, como dice Proverbios, inclina el corazón del rey a todo lo que quiere (Proverbios 21:1).
1. Etimología y significado
El nombre hebreo es Paras (פָּרַס), igual en el arameo bíblico; la forma griega es Persis (Περσίς). Ambos proceden del persa antiguo Pārsa, nombre del pueblo y de su provincia de origen, que sobrevive en el nombre de la región iraní de Fars. El sentido original de Pārsa es incierto, y ninguna etimología propuesta ha logrado consenso.
El adjetivo parsi, persa, aparece en títulos como Ciro el persa (Daniel 6:28) y Darío el persa (Nehemías 12:22). A menudo la Escritura une Persia con Media, porque Ciro reunió a los dos pueblos: las leyes de Persia y de Media (Ester 1:19; Daniel 6:8) y los poderosos de Persia y de Media (Ester 1:3). En la lectura que Daniel hace de la escritura en la pared hay un juego de palabras con las mismas consonantes: peres, tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas, Paras (Daniel 5:28).
2. Contexto histórico y uso bíblico
De provincia a imperio mundial
La casa reinante, llamada aqueménida por su antepasado Aquemenes, comenzó como reyes locales de Anshan, en Persia. Hacia el 550 a.C., Ciro II sometió a los medos, luego conquistó Lidia, en Asia Menor, y en el 539 a.C. entró en Babilonia casi sin batalla. Sus sucesores extendieron el imperio hasta que llegó, en palabras de Ester, desde la India hasta Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias (Ester 1:1). Fue el mayor imperio que el mundo había visto hasta entonces.
Persia gobernaba mediante sátrapas y gobernadores locales (Esdras 8:36), una red de caminos reales y una lengua administrativa común, el arameo imperial. Esto explica por qué partes de Esdras, incluidas cartas oficiales, están escritas en arameo (Esdras 4:8-6:18; 7:12-26). La corte se movía entre varias capitales, entre ellas Susa, donde sirvió Nehemías y donde transcurre la historia de Ester (Nehemías 1:1; Ester 1:2), Acmeta (Ecbatana), en Media, donde se halló en los archivos el decreto de Ciro (Esdras 6:2), Babilonia y Persépolis.
Los reyes persas en la Escritura
Ciro (559-530 a.C.) publicó el decreto de regreso en el primer año de su dominio sobre Babilonia (Esdras 1:1-4; 2 Crónicas 36:22-23). Darío I (522-486 a.C.) confirmó ese decreto, y el templo se terminó en su sexto año, hacia el 516 a.C. (Esdras 6:15); Hageo y Zacarías fechan sus profecías por el reinado de Darío (Hageo 1:1; Zacarías 1:1). Asuero, el de Ester, se identifica casi siempre con Jerjes I (486-465 a.C.). Artajerjes I (465-424 a.C.) envió a Esdras en su séptimo año (Esdras 7:7) y a Nehemías en el vigésimo (Nehemías 2:1).
Daniel menciona también a Darío de Media, que tomó el reino después de la caída de Babilonia (Daniel 5:31). Su identidad se discute: algunos lo identifican con un gobernador nombrado por Ciro, otros leen Daniel 6:28 como Darío, es decir, Ciro. La Escritura no resuelve la cuestión, y conviene tratarla con humildad.
El fin del imperio
Daniel vio a Persia como un carnero de dos cuernos, los reyes de Media y de Persia, que sería derribado por un macho cabrío venido del occidente, el rey de Grecia (Daniel 8:3-8, 20-21; véase también 11:2-3). La historia confirmó la visión: en el 331 a.C. Alejandro venció a Darío III, y el imperio persa llegó a su fin.
3. Pasajes principales
Isaías 44:28-45:7 es impresionante: el Señor llama a Ciro por su nombre, dice que es mi pastor y que cumplirá todo lo que yo quiero, y lo llama su ungido, a quien tomó por su mano derecha. El Señor añade que lo ciñe aunque tú no me conociste (45:4-5), y que Ciro edificará su ciudad y soltará a sus cautivos (45:13).
Esdras 1:1-4 registra el cumplimiento. El Señor despertó el espíritu de Ciro para que se cumpliera la palabra dicha por Jeremías, los setenta años de destierro (Jeremías 29:10). Ciro permitió que los judíos volvieran, reedificaran la casa del Señor y se llevaran los utensilios del templo que Nabucodonosor había sacado (Esdras 1:7-11).
Esdras 4-6 muestra oposición y providencia caminando juntas. La reconstrucción se detuvo durante años, pero cuando los enemigos apelaron a Darío, una búsqueda en los archivos encontró el decreto de Ciro, y el rey ordenó que la obra se terminara con fondos reales (Esdras 6:1-12).
En Ester, una joven judía llega a ser reina de Persia justo cuando Amán trama la destrucción de su pueblo. Las palabras de Mardoqueo, ¿y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? (Ester 4:14), resumen el tema del libro: Dios nunca es nombrado, pero actúa con claridad. La liberación se recuerda en la fiesta de Purim (Ester 9:26-28).
En Nehemías 1-2, el copero del rey ora, habla con Artajerjes y recibe cartas y materiales para reedificar los muros de Jerusalén, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí (Nehemías 2:8). En Daniel 6, Daniel permanece fiel bajo una ley persa que no podía ser revocada, y Dios cierra la boca de los leones. Daniel 10:13, 20 descorre aún más el velo, hablando de un príncipe del reino de Persia que resistió al mensajero de Dios, recordatorio de que los conflictos de las naciones tienen una dimensión espiritual.
4. Significado teológico
La primera lección es la soberanía de Dios sobre los imperios. Él quita reyes y pone reyes (Daniel 2:21). Persia, la mayor potencia de su tiempo, sirvió a los propósitos del Dios de un pueblo pequeño y derrotado. El edicto de Ciro no fue un azar político, sino el cumplimiento de una promesa (Esdras 1:1).
La segunda lección tiene que ver con la fidelidad de Dios a su pacto. El destierro no anuló sus promesas. Por medio de la política persa, trajo a su pueblo de vuelta a la tierra, restauró el culto en el templo y preservó la línea de David, de la cual vendría el Mesías (Mateo 1:12-16). Ciro es el único rey extranjero llamado ungido del Señor. No se presenta como tipo de Cristo en sentido estricto, pues no conocía al Señor, pero su papel de libertador apunta más allá de sí mismo, a la liberación mucho mayor que Dios traería por medio de su verdadero Ungido.
La tercera lección trata de vivir con fidelidad entre las naciones. Daniel, Ester, Mardoqueo, Esdras y Nehemías sirvieron dentro del sistema persa sin perder su identidad. Oraron, se arriesgaron y dijeron la verdad ante el poder, mostrando que el pueblo de Dios puede procurar el bien del lugar donde vive mientras su lealtad pertenece primero a Dios.
5. Legado y referencias canónicas
El período persa es el escenario de los últimos libros históricos del Antiguo Testamento y de los profetas posteriores al exilio. Hageo y Zacarías fechan sus mensajes por el reinado de Darío, y Malaquías, que menciona a un gobernador (Malaquías 1:8), probablemente pertenece a la misma época. Persia aparece también en Ezequiel como pueblo que servía en el ejército de Tiro (Ezequiel 27:10) y como aliada de Gog (Ezequiel 38:5).
El Nuevo Testamento no nombra a Persia, pero las tierras del antiguo imperio aparecen entre los peregrinos de Pentecostés, partos, medos y elamitas (Hechos 2:9). Una larga tradición relaciona a los magos del oriente (Mateo 2:1) con Persia; es una posibilidad, no algo que el texto afirme. Las comunidades judías que permanecieron en el oriente tras el regreso y la fiesta de Purim, celebrada hasta hoy, son ecos duraderos del capítulo persa de la historia bíblica.
6. Aplicación para hoy
La historia de Persia consuela al creyente que se siente pequeño ante los poderes de este mundo. El mismo Dios que movió el corazón de Ciro sigue gobernando la historia, y ningún gobierno, economía o crisis está fuera de su mano. Podemos orar por las autoridades (1 Timoteo 2:1-2) con confianza, sabiendo que él puede abrir puertas que nadie esperaba.
También nos llama a la fidelidad justo donde estamos. Como Ester, quizá hemos sido colocados en un lugar para esta hora. Como Nehemías, podemos unir oración y acción valiente. Como Daniel, podemos mantener nuestra devoción diaria a Dios aun cuando la cultura empuje en sentido contrario.
Por último, Persia nos recuerda que todo imperio pasa. El carnero de la visión de Daniel cayó, como caen todos los reinos humanos. Solo el reino de Dios permanece para siempre (Daniel 2:44). Nuestra esperanza no descansa en el ascenso o la caída de las naciones, sino en Jesucristo, el Rey que reina sobre todo y en quien todas las promesas de Dios son sí (2 Corintios 1:20).