Masah
Masah es el nombre que Moisés dio a un lugar en Refidim, en el desierto entre Egipto y el Sinaí, donde el pueblo de Israel, sufriendo sed, altercó con él y puso a prueba a Jehová. El mismo lugar se llamó también Meriba: “Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7).
Lo que ocurrió allí fue breve, pero el nombre se volvió una advertencia duradera en la Escritura. Moisés lo recordó en Deuteronomio, los Salmos lo cantaron, Jesús respondió al diablo con el mandamiento que lo menciona, y la Epístola a los Hebreos construyó sobre él una exhortación urgente. Masah es el lugar donde Israel, habiendo visto recién las grandes obras de Dios, preguntó si él estaba de verdad con ellos.
La Biblia da pocos detalles geográficos, y la ubicación exacta es desconocida. Su importancia no está en el sitio, sino en lo que revela sobre el corazón humano y sobre la paciencia de Dios.
1. Etimología y significado
El hebreo Massâ (מַסָּה) viene del verbo nāsâ (נָסָה), “probar, poner a prueba”. El nombre significa, por tanto, “prueba” o “tentación”. El mismo sustantivo, en plural, se usa para las grandes pruebas con que Dios sacó a Israel de Egipto (Deuteronomio 4:34; 7:19; 29:3), lo cual hace más fuerte la ironía: el pueblo que había presenciado las pruebas de Dios sobre Egipto se volvió para poner a Dios a prueba.
El segundo nombre, Mĕrîbâ (מְרִיבָה), viene de rîb (רִיב), “contender, disputar”, palabra usada a menudo para un pleito judicial. Israel actuó como si entablara un juicio contra Moisés y contra Dios. La Septuaginta griega tradujo los dos nombres en Éxodo 17:7 como Peirasmós (“prueba”) y Loidóresis (“injuria”), y en Salmo 95:8 (Salmo 94 en la Septuaginta) como “la provocación” (parapikrasmós) y “el día de la tentación” (peirasmós), expresión retomada en Hebreos 3:8.
2. Contexto histórico y uso bíblico
Ubicación
Masah estaba en Refidim, la última parada antes del desierto de Sinaí (Éxodo 17:1; 19:2). El itinerario de Números 33:12-14 menciona el desierto de Sin, Dofca, Alús y Refidim, donde el pueblo no tuvo agua para beber. Dios dijo a Moisés que estaría delante de él “sobre la peña en Horeb” (Éxodo 17:6), lo que sugiere que Refidim estaba cerca del monte de Dios. El lugar no ha sido identificado con certeza. Quienes sitúan el monte Sinaí en Jebel Musa, en el sur de la península del Sinaí, suelen ubicar Refidim en la región del Wadi Feiran, pero esto sigue siendo una hipótesis.
El suceso
Pocas semanas después del cruce del mar Rojo y de la provisión del maná y las codornices (Éxodo 16), Israel acampó en Refidim y no halló agua. El pueblo altercó con Moisés y exigió agua. Moisés respondió: “¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?” (Éxodo 17:2). La queja creció hasta la acusación de que Moisés los había sacado de Egipto para matarlos de sed a ellos, a sus hijos y a su ganado (17:3), y Moisés clamó a Jehová diciendo que de aquí a un poco lo apedrearían (17:4).
Dios no respondió con juicio. Mandó a Moisés pasar delante del pueblo con algunos de los ancianos y tomar la vara con que había golpeado el río. “He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo” (17:6). Moisés lo hizo en presencia de los ancianos. Luego dio al lugar el nombre del pecado del pueblo (17:7). Inmediatamente después, Amalec atacó a Israel en Refidim (17:8-16).
No confundir con Meriba de Cades
Casi cuarenta años más tarde ocurrió una crisis semejante en Cades, también llamada “aguas de Meriba” (Números 20:1-13). Allí Moisés recibió la orden de hablar a la peña, pero la golpeó dos veces, y él y Aarón quedaron excluidos de entrar en la tierra (Números 20:12; 27:14; Deuteronomio 32:51). Los dos episodios comparten el nombre Meriba, pero son distintos: Masah se refiere solo al primero, en Refidim.
3. Principales pasajes
Éxodo 17:1-7. El relato fundamental. La pregunta central está en el versículo 7: “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” El pueblo tenía la columna de nube y de fuego y el maná de cada día, pero hizo depender la presencia de Dios de la satisfacción inmediata de su necesidad.
Deuteronomio 6:16. “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.” En el corazón del llamado a amar a Dios de todo corazón (6:5), Moisés convierte Masah en un mandamiento permanente. Cuando el diablo incitó a Jesús a lanzarse desde el pináculo del templo, Jesús respondió con este versículo: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7; Lucas 4:12).
Deuteronomio 9:22. También en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava provocaron a ira a Jehová. Masah aparece en una lista de rebeliones que demuestra que Israel no recibió la tierra por su propia justicia (9:4-6).
Deuteronomio 33:8. En la bendición de Leví, Moisés dice de los levitas: al cual probaste en Masah, con quien contendiste en las aguas de Meriba. El sentido se discute. Muchos intérpretes entienden que Dios probó a la tribu de Leví, representada por Moisés y Aarón, en aquellas crisis, y que Leví fue hallado fiel más tarde (compárese Éxodo 32:26-29). El texto es conciso, y no es posible tener certeza.
Salmo 95:7-11. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras.” El salmo, cantado en el culto de Israel, llama a cada generación a aprender de Masah. Hebreos 3:7-4:11 lo cita extensamente y aplica su “hoy” a los cristianos, advirtiendo contra un corazón malo de incredulidad que se aparte del Dios vivo (3:12).
Otros salmos recuerdan el agua de la peña sin nombrar Masah (Salmo 78:15-20; 105:41; 114:8), y Salmo 78:18 describe la misma actitud: tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto.
4. Significado teológico
Masah define lo que significa tentar a Dios. No es el clamor honesto de quien sufre y ora, como en muchos salmos de lamento. Es la exigencia de que Dios se pruebe en nuestros términos, como si su fidelidad estuviera en duda hasta que actúe como queremos. En Masah el pueblo había visto las plagas, el mar abierto y el pan del cielo, y aun así hizo condicional su presencia (Salmo 95:9). Tentar a Dios es una forma de incredulidad que lo trata como un sospechoso a examinar, y no como Señor digno de confianza.
Masah muestra también la paciencia de Dios. En lugar de destruir a los murmuradores, les dio agua. Se puso sobre la peña, y la peña fue golpeada para que el pueblo viviera. Pablo, reflexionando sobre el desierto, escribe que los padres “bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4), y en seguida añade la advertencia: ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron (10:9). La provisión de Masah apunta a la gracia que fluye de Cristo, y el pecado de Masah advierte a quienes reciben esa gracia.
Por último, Masah resalta la obediencia de Jesús. Israel fue probado en el desierto y falló; Jesús, el verdadero Hijo, fue probado en el desierto y se negó a tentar a su Padre, citando justamente el mandamiento sobre Masah (Mateo 4:7). Donde Israel exigió señales, él confió en la palabra de Dios.
5. Legado y referencias canónicas
El nombre Masah aparece pocas veces (Éxodo 17:7; Deuteronomio 6:16; 9:22; 33:8; Salmo 95:8), pero su mensaje atraviesa el canon: la Ley, los Salmos, los Evangelios, Pablo y Hebreos vuelven a él. El tema del agua de la peña reaparece en las promesas proféticas de agua en el desierto (Isaías 48:21) y en las palabras de Jesús sobre el agua viva (Juan 7:37-38).
Por medio del Salmo 95, Masah entró en el culto de la sinagoga y de la iglesia. En la tradición judía, el salmo abre la recepción del sábado; en muchas tradiciones cristianas se canta como el Venite en la oración de la mañana. Semana tras semana, los adoradores recuerdan: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.”
6. Aplicación para hoy
Masah pregunta si confiamos en Dios cuando se acaba el agua. Es fácil creer mientras la provisión está a la vista; es más difícil cuando la cuenta está vacía, el diagnóstico es incierto o la oración parece no tener respuesta. Entonces vuelve la vieja pregunta: “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” La respuesta de la Escritura es sí. La cruz y la tumba vacía son obras mayores que el mar Rojo, y en Cristo Dios prometió no dejarnos nunca (Hebreos 13:5).
Lleva tu sed a Dios con sinceridad, como Moisés clamó a él, pero no hagas depender su amor de recibir lo que quieres cuando lo quieres. Recuerda su fidelidad pasada, escucha hoy su voz y no endurezcas tu corazón. La Roca que fue golpeada por nosotros todavía da agua viva a todos los que vienen a ella con fe.