Mares
La palabra mares, en plural, aparece en la primera página de la Biblia: “Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares” (Génesis 1:10). Desde allí el plural recorre la Ley, los Salmos y los Profetas para describir la gran masa de aguas que rodea la tierra, llena de vida y de peligro, que el mundo antiguo a menudo temía como una fuerza del caos.
La Biblia usa tanto el singular “mar” como el plural “mares”. El plural es especialmente frecuente en la poesía y en textos sobre la creación y la soberanía de Dios: el Señor fundó la tierra “sobre los mares” (Salmo 24:2), hace todo lo que quiere “en los mares y en todos los abismos” (Salmo 135:6), y Jonás fue echado “en medio de los mares” (Jonás 2:3). Este artículo examina ese uso del plural y lo que enseña sobre Dios como Creador y Señor de las aguas.
1. Etimología y significado
La palabra hebrea es yam (יָם), “mar”, plural yammim (יַמִּים). Puede designar una masa de agua concreta, como el Mediterráneo, llamado “el Mar Grande” (Números 34:6), el Mar Salado (Génesis 14:3), el mar de Cineret (Números 34:11) o el Mar Rojo (Éxodo 15:4). Como el Mediterráneo quedaba al oeste de Israel, yam llegó a significar también “occidente” (Génesis 28:14).
El plural yammim se usa de dos maneras principales. Puede referirse a varios mares o al mar en todas sus partes, y en la poesía expresa a menudo vastedad, lo que los gramáticos llaman plural de extensión: no un recuento de mares separados, sino la inmensidad de las aguas. El contexto decide qué matiz se pretende, y en varios pasajes ambos son posibles.
En griego la palabra es thalassa (θάλασσα), plural thalassai. La Septuaginta traduce Génesis 1:10 con el plural: Dios llamó a las reuniones de las aguas thalassas. Fuera de la Biblia, en los textos ugaríticos de Canaán, Yamm (“Mar”) era un dios que luchaba contra Baal. En las Escrituras el mar nunca es un dios; es una criatura, nombrada y limitada por el único Dios.
2. Contexto histórico y uso bíblico
Israel y el mar
Israel no fue una nación de navegantes. Su costa tenía pocos puertos naturales, y durante la mayor parte de su historia el comercio marítimo estuvo en manos de los fenicios de Tiro y Sidón; la flota de Salomón dependía de los marineros de Hiram (1 Reyes 9:26-27). Para los israelitas el mar era una frontera occidental, fuente de pesca y de comercio para algunas tribus (Deuteronomio 33:19, que habla de la abundancia de los mares), pero también lugar de tormentas, naufragios y misterio.
El plural en la creación
El tercer día Dios juntó las aguas en un lugar e hizo que se descubriera lo seco; a lo seco llamó Tierra y a la reunión de las aguas, Mares (Génesis 1:9-10). El quinto día llenó las aguas de seres vivientes y los bendijo, mandándoles llenar las aguas en los mares (Génesis 1:22). Los mares forman parte, pues, de la buena creación, nombrados por Dios y llenos de su bendición. Cuando los levitas oraron en tiempos de Nehemías, confesaron que Dios hizo los cielos, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos (Nehemías 9:6).
Los mares y las naciones
Los profetas usan la expresión “el corazón de los mares” para el poder marítimo de Tiro: en el corazón de los mares estaban sus confines (Ezequiel 27:4). El rey de Tiro se jactaba de estar sentado en la silla de Dios, en medio de los mares, pero Dios anunció que moriría en el corazón de los mares (Ezequiel 28:2, 8). El mismo lugar que simbolizaba orgullo y seguridad se convirtió en lugar de juicio.
No confundir
“El mar”, en singular, designa también el gran estanque de bronce del templo de Salomón, el “mar de fundición” (1 Reyes 7:23-26), objeto distinto de los mares tratados aquí.
3. Pasajes principales
Génesis 1:10 es el fundamento. El acto de nombrar muestra autoridad: Dios no lucha contra las aguas; les asigna un lugar y un nombre. Lo que las culturas vecinas imaginaban como un poder hostil es, en Génesis, una obra más del Creador, que él declaró buena.
Salmo 8:8 sitúa los mares dentro del señorío que Dios dio al ser humano: las aves de los cielos, los peces del mar y todo cuanto pasa por los senderos del mar (en hebreo, “de los mares”). El salmista se maravilla de que el Dios cuyo nombre es grande en toda la tierra haya coronado al hombre de gloria y puesto estas criaturas bajo sus pies (Salmo 8:5-6). Hebreos aplica el salmo, en última instancia, a Jesús, el verdadero hombre por medio del cual se restaura ese señorío (Hebreos 2:6-9).
Salmo 24:1-2 basa en la creación el derecho de Dios sobre el mundo: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos.” La imagen es poética y refleja cómo los antiguos describían el mundo, con la tierra surgiendo de las aguas (compárese Salmo 136:6); el punto teológico es que la tierra es firme porque Dios la fundó.
Salmo 135:6 proclama la libertad y el poder de Dios: “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” Ninguna región está fuera de su gobierno, ni siquiera las profundidades que ningún ojo humano había visto.
Jonás 2:3 muestra los mares como lugar de juicio y de rescate. Desde el vientre del pez Jonás ora: “Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente.” Reconoce que fue el Señor quien lo arrojó allí, y el mismo Señor sacó su vida de la sepultura (Jonás 2:6). Jesús presentó después la señal de Jonás como señal de su propia muerte y resurrección (Mateo 12:40).
Otros textos completan el cuadro. Los mares alaban a Dios: alábenle los cielos y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos (Salmo 69:34). Dios sosiega el estruendo de los mares y el estruendo de sus ondas (Salmo 65:7), y aunque los montes se traspasen al corazón del mar (plural en hebreo), su pueblo no temerá (Salmo 46:2).
4. Significado teológico
La primera lección de los mares es que Dios es Creador y soberano. Él fija sus límites: encerró con puertas el mar y dijo: hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante (Job 38:8-11); puso la arena por término que las olas no pueden traspasar (Jeremías 5:22). “Suyo también el mar, pues él lo hizo” (Salmo 95:5). Lo que a nosotros nos parece incontrolable está enteramente bajo su mando.
La segunda lección es que los mares sirven también de imagen del caos, de las naciones hostiles y del mal. Las aguas agitadas retratan a los pueblos alborotados (Salmo 65:7), y en la visión de Daniel las bestias suben del mar agitado por los vientos (Daniel 7:2-3; compárese Apocalipsis 13:1). Aun allí Dios reina: más que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias ondas del mar, Jehová en las alturas es más poderoso (Salmo 93:4).
La tercera lección es redentora. Dios abrió un camino en el mar para su pueblo en el éxodo (Éxodo 14:21-22; Isaías 51:10). En los Evangelios Jesús reprende al viento y al mar, y los discípulos preguntan: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Marcos 4:39-41); él camina sobre las aguas (Mateo 14:25). Lo que el Antiguo Testamento dice de Jehová, los Evangelios lo muestran en Cristo. Y el profeta promete que Dios echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:19).
Por último, la historia bíblica termina con una nueva creación en la que “el mar ya no existía más” (Apocalipsis 21:1). Esto no desprecia la buena creación de Génesis 1; dentro de las imágenes del Apocalipsis, el mar representa lo inquieto, amenazante y separador, y su ausencia anuncia un mundo sin caos, sin muerte y sin lágrimas (Apocalipsis 21:4).
5. Legado y referencias canónicas
El plural “mares” aparece desde la Ley hasta los Profetas. Referencias importantes son Génesis 1:10, 22; Levítico 11:9-10 (criaturas “en los mares”); Deuteronomio 33:19; Nehemías 9:6; Salmos 8:8; 24:2; 46:2; 65:7; 69:34; 135:6; Ezequiel 27:4, 25-27; 28:2, 8; y Jonás 2:3. En el Nuevo Testamento, la nave que llevaba a Pablo encalló en un lugar que Lucas describe como topos dithalassos, literalmente “lugar de dos mares” (Hechos 27:41), que la Reina-Valera traduce “un lugar de dos aguas”.
Las traducciones tratan el plural hebreo de manera distinta. Algunas conservan “Mares” en Génesis 1:10; otras usan el singular “mar” allí y en varios salmos. La diferencia es de estilo, no de doctrina: en todos los casos el texto afirma que todas las aguas pertenecen a Dios.
6. Aplicación para hoy
Los mares nos recuerdan nuestra pequeñez y la grandeza de Dios. Quien ha estado frente al océano siente su poder; la Biblia nos invita a convertir ese asombro en adoración a Aquel que lo hizo y lo mantiene bajo control. El mismo Dios que dice a las olas “hasta aquí” pone también límites a las fuerzas que amenazan nuestra vida.
La oración de Jonás enseña que, aun cuando estamos “en medio de los mares”, hundidos por las consecuencias de nuestra propia desobediencia, Dios puede oír y salvar. “La salvación es de Jehová” (Jonás 2:9). Y el Cristo que calmó la tempestad está con sus discípulos en cada barca que parece hundirse.
Por último, la promesa de que “el mar ya no existía más” da esperanza a los cansados y a los que lloran. La inquietud de este mundo no es la última palabra. El Señor de los mares prepara una nueva creación donde su pueblo vivirá en paz, y hasta entonces podemos decir con el salmista: “Por tanto, no temeremos” (Salmo 46:2).