Comentario de Mateo 28

Mateo 28 narra la resurrección de Jesús, el momento culminante del Evangelio. María Magdalena y la otra María encuentran el sepulcro vacío, un ángel les anuncia que Jesús ha resucitado y les encarga comunicarlo a los discípulos. Jesús mismo se aparece a las mujeres y luego a los once discípulos en Galilea. El capítulo concluye con la Gran Comisión, donde Jesús envía a sus seguidores a hacer discípulos a todas las naciones, prometiendo estar con ellos hasta el fin del mundo. Es el clímax de la victoria de Cristo sobre la muerte y el fundamento de la misión de la iglesia.

Contexto histórico

Mateo escribe su Evangelio principalmente para una audiencia judeocristiana, probablemente en la década de los 60-70 d.C., en un contexto de creciente tensión entre la sinagoga y la incipiente comunidad cristiana. El capítulo 28 se sitúa en la mañana del domingo de resurrección, después del sábado de reposo. El trasfondo cultural incluye la expectativa judía de una resurrección general al final de los tiempos, pero la resurrección de Jesús como un evento singular y ya ocurrido era una afirmación radical.

El lugar, el sepulcro sellado y custodiado por soldados romanos, refleja la autoridad política y religiosa que había condenado a Jesús. La mención de Galilea como lugar del encuentro con los discípulos (Mt 28:7, 10, 16) es significativa: es donde comenzó el ministerio de Jesús y, simbólicamente, donde la misión se reinicia. El Antiguo Testamento, especialmente Daniel 12:2 y Salmo 110:1, provee el telón de fondo profético para la resurrección y la exaltación del Mesías.

Versículo por versículo

  • 1:

    El versículo sitúa el evento «pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana». María Magdalena y la otra María (probablemente la madre de Santiago y José, Mt 27:56) van a ver el sepulcro. La mención del «primer día» apunta al nuevo comienzo de la creación, un eco del Génesis. La fidelidad de estas mujeres, que habían seguido a Jesús desde Galilea, contrasta con la dispersión de los discípulos varones.

  • 2:

    Un gran terremoto y la aparición de un ángel del Señor que remueve la piedra y se sienta sobre ella. El lenguaje evoca teofanías del Antiguo Testamento (Éxodo 19:18; 1 Reyes 19:11-12). El ángel no abre el sepulcro para que Jesús salga —Él ya ha resucitado— sino para que las mujeres vean que está vacío. La piedra removida es un signo de la victoria de Dios sobre el poder del imperio y de la muerte.

  • 3:

    La descripción del ángel —«su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve»— recuerda la transfiguración de Jesús (Mt 17:2) y la gloria divina. La blancura simboliza pureza, victoria y la realidad celestial. Es un mensajero que trae noticias del cielo a la tierra, y su apariencia aterroriza a los guardias.

  • 4:

    Los guardias, representantes del poder romano y del sistema que había ejecutado a Jesús, tiemblan y quedan «como muertos». La ironía es profunda: los que custodiaban a un muerto quedan inmovilizados ante la presencia del ángel de la vida. El poder humano se desvanece ante la irrupción del reino de Dios.

  • 5:

    El ángel se dirige a las mujeres con una palabra de consuelo: «No temáis». El miedo es la respuesta humana natural ante lo santo, pero el mensaje del ángel es de paz. Sabe a quién buscan: «a Jesús, el que fue crucificado». No niega la cruz, pero la sitúa en el pasado. La resurrección no borra la crucifixión; la interpreta.

  • 6:

    «No está aquí, porque ha resucitado, como dijo». Esta es la afirmación central de la fe cristiana. El ángel invita a las mujeres a ver el lugar vacío como evidencia. La frase «como dijo» subraya la fidelidad de Jesús a sus propias predicciones (Mt 16:21; 17:23; 20:19). La resurrección no es un accidente ni un mito; es el cumplimiento de la palabra de Cristo.

  • 7:

    El ángel da una comisión inmediata: «Id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos». Las mujeres se convierten en las primeras testigos y mensajeras de la resurrección. La mención de Galilea como lugar del encuentro es clave: allí donde todo comenzó, Jesús reunirá de nuevo a su rebaño disperso. La promesa «allí le veréis» asegura un encuentro personal con el Resucitado.

  • 8:

    Las mujeres responden con una mezcla de temor y gozo —dos emociones que a menudo acompañan el encuentro con Dios. El miedo no es incredulidad, sino asombro reverente. Corren a llevar la noticia. Su prisa refleja la urgencia del mensaje: la resurrección no es para guardarla en secreto, sino para proclamarla.

  • 9:

    Jesús mismo sale al encuentro de las mujeres. Su saludo, «¡Salve!» (en griego jaírete, «alegraos»), es el mismo que el ángel usó en la anunciación (Lc 1:28). Ellas se postran y adoran, un gesto de reconocimiento divino. Jesús acepta su adoración, afirmando implícitamente su deidad. Les toca los pies, un gesto de cercanía y consuelo.

  • 10:

    Jesús repite la instrucción del ángel: «No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos». La palabra «hermanos» es profundamente significativa: a pesar de la negación de Pedro y la huida de los discípulos, Jesús los restaura como familia. Les dice que vayan a Galilea, donde Él los precederá. El Buen Pastor va delante de sus ovejas (Jn 10:4).

  • 16:

    Los once discípulos viajan a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. El monte evoca momentos clave de revelación (Sinaí, el Sermón del Monte). La obediencia de los discípulos, aunque tardía, es real. Algunos dudan incluso viendo al Resucitado —Mateo no idealiza la fe de los apóstoles. La duda y la adoración coexisten, y Jesús no rechaza a los que dudan.

  • 17:

    «Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban». Esta honestidad es conmovedora. La resurrección no elimina automáticamente todas las preguntas. La fe no es la ausencia de duda, sino la confianza que persiste a pesar de ella. Jesús no reprende a los que dudan; en cambio, se acerca y les da una misión.

  • 18:

    Jesús se acerca y proclama: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra». Esta es la base de la Gran Comisión. La autoridad que Jesús posee no es delegada ni limitada; es universal y absoluta. Es la autoridad del Hijo resucitado, exaltado a la diestra del Padre (Sal 110:1; Fil 2:9-11). Sobre esta autoridad descansa todo el mandato misionero.

  • 19:

    «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones». El imperativo central es «haced discípulos»; «id» es un participio que indica el modo. La misión no es opcional para la iglesia. «Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» —la fórmula trinitaria refleja la revelación plena de Dios en Cristo. El bautismo es la puerta de entrada a la comunidad del nuevo pacto.

  • 20:

    «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado». La enseñanza no es opcional; la obediencia a Cristo es el fruto del discipulado. La promesa final es el ancla de toda la comisión: «y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». El Jesús que ascendió al cielo no nos ha dejado solos. Su presencia, por el Espíritu, es la garantía de que la misión no fracasará.

Temas clave

  • Resurrección de Jesús
  • Gran Comisión
  • Autoridad de Cristo
  • Presencia divina
  • Testimonio y misión

Aplicación

Mateo 28 nos confronta con la realidad más transformadora de la historia: Jesús ha vencido a la muerte. Si esto es cierto, entonces nada sigue siendo igual. La resurrección no es solo un hecho para creer, sino una realidad que reconfigura toda nuestra vida. El miedo a la muerte, la desesperanza ante el fracaso, la parálisis ante la oposición —todo queda relativizado por el sepulcro vacío.

La Gran Comisión no es una sugerencia para los especialmente comprometidos; es la tarea de toda la iglesia. Hacer discípulos no es simplemente evangelizar, sino acompañar a otros en el camino de la obediencia a todo lo que Jesús enseñó. Y la promesa de su presencia constante nos libera del temor al fracaso. No estamos solos. El mismo Jesús que resucitó de entre los muertos camina con nosotros cada día, hasta que la historia llegue a su fin. Vivir desde la resurrección es vivir con audacia, esperanza y amor.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las mujeres fueron las primeras testigos de la resurrección?

En la cultura del siglo I, el testimonio de las mujeres tenía poco valor legal. Sin embargo, los Evangelios registran consistentemente que fueron mujeres las primeras en ver el sepulcro vacío y al Resucitado. Esto no solo es históricamente creíble (ningún inventor de la historia habría elegido a mujeres como testigos principales), sino que también refleja la inversión del orden social que el Evangelio trae. Jesús honra la fidelidad de estas mujeres y las convierte en las primeras mensajeras de la resurrección.

¿Qué significa la Gran Comisión para los cristianos hoy?

La Gran Comisión (Mt 28:18-20) es el mandato de Jesús a sus discípulos de hacer discípulos en todas las naciones. No es solo evangelismo, sino un proceso integral que incluye bautizar y enseñar la obediencia a todo lo que Jesús mandó. Para los cristianos hoy, esto significa que la misión no es opcional: cada creyente está llamado a participar, ya sea en su vecindario, lugar de trabajo o al otro lado del mundo. La promesa de la presencia de Jesús nos da la confianza para obedecer.

¿Por qué Jesús dijo que se encontraría con los discípulos en Galilea?

Galilea era el lugar donde Jesús comenzó su ministerio público y donde llamó a sus primeros discípulos. Al citar Galilea como punto de encuentro, Jesús está simbólicamente reiniciando la misión. Es un recordatorio de que, a pesar del fracaso y la dispersión de los discípulos, el plan de Dios no se ha descarrilado. También subraya que el mensaje de la resurrección no se limita a Jerusalén, sino que se extiende a todas las regiones, comenzando por donde todo empezó.

¿Cómo debemos entender la duda de algunos discípulos en Mateo 28:17?

Mateo registra honestamente que incluso viendo al Jesús resucitado, algunos discípulos dudaron. Esto nos muestra que la fe no es la ausencia total de duda, sino la confianza que persiste a pesar de las preguntas. Jesús no rechaza a los que dudan; en cambio, se acerca a ellos y les da una misión. Esto es un gran consuelo para los creyentes que luchan con la incertidumbre. La duda no descalifica a nadie para el servicio; la disposición a seguir a Cristo, sí.

¿Qué significa que Jesús tiene «toda potestad en el cielo y en la tierra»?

Esta declaración (Mt 28:18) afirma que Jesús, como Hijo resucitado y exaltado, posee autoridad universal y absoluta. No hay poder en el universo —ni espiritual, ni político, ni natural— que esté fuera de su control. Esta autoridad es la base de la Gran Comisión: porque Él tiene todo el poder, podemos ir con confianza a hacer discípulos. También significa que, en última instancia, todas las cosas están sujetas a Cristo, aunque aún no lo veamos plenamente (He 2:8).

¿Cómo está Jesús «con nosotros todos los días» si ascendió al cielo?

La promesa de Jesús en Mateo 28:20 no contradice su ascensión (Hch 1:9-11). Jesús está con nosotros por medio del Espíritu Santo, a quien envió para estar con los creyentes para siempre (Jn 14:16-17). Su presencia no es física en el mismo sentido que durante su ministerio terrenal, sino espiritual y real. Esto significa que los cristianos tienen acceso constante a su poder, guía y consuelo, y que la iglesia nunca está sola en su misión.