¿Qué es el don de hablar en lenguas? ¿Sigue vigente hoy?
El don de hablar en lenguas es una de las cuestiones donde el cuerpo de Cristo lleva siglos en conversación intensa. Conviene ir primero a los textos y dejarlos hablar antes de mirar los argumentos. Lo que encontramos en el Nuevo Testamento es más específico —y más matizado— de lo que la mayoría de las discusiones populares reconoce.
Lo que la Biblia dice: ¿qué era este don?
La primera aparición del don ocurre en Pentecostés. El Espíritu Santo desciende sobre los discípulos y ellos comienzan a hablar en heterais glossais —otras lenguas— de tal modo que la multitud de peregrinos reunida en Jerusalén escucha el evangelio «cada uno en su propia lengua» (Hch 2:6). Lucas describe allí idiomas humanos reconocibles: partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Roma, de Creta. El don funciona como señal para Israel incrédulo y como herramienta de proclamación. Lo mismo ocurre en casa de Cornelio (Hch 10:46) y en Éfeso (Hch 19:6), siempre como señal que acompaña la entrada del Espíritu en nuevos grupos de personas.
Pablo trata el don con mayor profundidad teológica en 1 Corintios 12–14. Allí lo sitúa dentro de una lista más amplia de dones del Espíritu (1 Co 12:4-11) y dedica un capítulo entero a ordenar su uso en la congregación. Su punto central es que las lenguas sin interpretación no edifican a la asamblea (1 Co 14:5, 12). Por eso establece: que hablen de dos en dos, o a lo más tres, y solo si hay intérprete (1 Co 14:27-28). La comparación que hace es reveladora: preferiría pronunciar cinco palabras con su entendimiento que diez mil palabras en lengua desconocida, porque «quiero instruir a los demás» (1 Co 14:19).
Una distinción importante: en 1 Corintios 14:2 Pablo menciona que quien habla en lengua sin intérprete «habla a Dios» y «en su espíritu habla misterios». Algunos intérpretes ven aquí una categoría diferente a los idiomas humanos de Hechos 2: un idioma de oración dirigido a Dios más que a un auditorio humano. Otros entienden que es la misma clase de don, simplemente usado sin que haya quien lo comprenda o lo interprete. Ambas lecturas tienen representantes serios.
El debate mayor: ¿ha cesado este don?
Aquí es donde los creyentes fieles a la Escritura llegan a conclusiones distintas, y vale la pena presentar las dos posiciones con honestidad.
La posición cesacionista sostiene que el don de lenguas —junto con otras señales apostólicas como la profecía y los milagros de fundación— cumplió su función al confirmar el mensaje apostólico y sellar el canon de la Escritura, y que cesó con la generación de los apóstoles. El texto central que invocan es 1 Corintios 13:8-10: «Las lenguas cesarán». El argumento es que «lo perfecto» que viene es el canon completo o la consumación del reino, momento en que los dones de conocimiento parcial ya no serán necesarios. La observación histórica es que los Padres de los primeros siglos post-apostólicos mencionan el don con menos frecuencia y, con el tiempo, casi no hay referencias a su práctica regular.
La posición continuacionista responde que ningún texto del Nuevo Testamento declara explícitamente el cese de los dones espirituales antes del regreso de Cristo. «Lo perfecto» en 1 Corintios 13:10 se refiere más naturalmente a la segunda venida, no al cierre del canon. El Espíritu sigue distribuyendo dones «como él quiere» (1 Co 12:11) y en ningún lugar Pablo instruye a los corintios a esperar el fin de esos dones. La vitalidad global del movimiento pentecostal y carismático —con testimonios de millones de personas en los cinco continentes— invita a no desestimar la pregunta con facilidad.
La posición reformada-evangélica que este artículo sigue con más peso es la cesacionista clásica, aunque reconociendo que creyentes comprometidos con la Biblia sostienen la visión continuacionista. Lo que ambas tradiciones afirman con igual claridad es que el Espíritu Santo está activo hoy, que la iglesia necesita sus dones, y que nada en la vida cristiana debe funcionar fuera del orden que Pablo establece.
Una confusión frecuente: ¿todo "hablar en lenguas" es lo mismo?
Gran parte del debate moderno sufre de imprecisión. El movimiento pentecostal clásico a comienzos del siglo XX enseñó que hablar en lenguas era la evidencia inicial necesaria del bautismo del Espíritu. El evangelicalismo histórico ha cuestionado esa formulación específica: la Biblia no enseña que todos los creyentes deban experimentar ese don (1 Co 12:30: «¿hablan todos en lenguas?», con respuesta implícita: no). El don es uno entre muchos, distribuido por el Espíritu soberanamente.
También importa distinguir el fenómeno de Hechos 2 —idiomas humanos verificables— de lo que ocurre en muchos contextos carismáticos contemporáneos, donde no hay reconocimiento de idioma humano alguno. Algunos continuacionistas señalan que esto encaja con 1 Corintios 14:2, donde la lengua no es entendida. Los cesacionistas responden que eso no equivale necesariamente al mismo don descrito en el Nuevo Testamento. La honestidad exige reconocer que el debate tiene textos reales en cada lado.
¿Cómo navegar esto en la práctica?
Pablo da una instrucción que vale para cualquier tradición: «No impidan hablar en lenguas. Pero todo debe hacerse de manera apropiada y con orden» (1 Co 14:39-40). Esa doble instrucción —ni prohibir ni permitir el desorden— sigue siendo sabia. El cristiano que no practica el don no debería mirar con desdén al que sí lo practica. El que lo practica no debería tratar a los demás como si les faltara una experiencia espiritual superior. El orgullo espiritual —en cualquier dirección— es más peligroso que el desacuerdo sobre los dones.
Lo que nunca está en debate es el propósito de los dones: edificar el cuerpo de Cristo, no exhibir espiritualidad personal (1 Co 14:26). Cualquier «don» que produzca división, que no pueda someterse al escrutinio de la congregación, o que coloque la experiencia por encima de la Palabra, merece examinarse con cuidado. Los falsos espíritus también existen, y Juan ordena probarlos (1 Jn 4:1).
El Espíritu y el Cristo que señala
Pentecostés ocurrió porque Cristo había ascendido y enviado lo que prometió: «Recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes» (Hch 1:8). El Espíritu nunca atrae la atención hacia sí mismo; su obra propia es señalar a Cristo y glorificarlo (Jn 16:14). Cualquier comprensión del don de lenguas —sea que lo sitúes en el pasado apostólico o en el presente activo de la iglesia— debe mantenerse dentro de ese centro: el Espíritu obra para que Jesús sea proclamado, adorado y obedecido entre todas las naciones. Eso no ha cesado ni cesará.
Y en ese punto —que el Espíritu de Dios vive en su iglesia, que su poder no está agotado, que la misión sigue en pie— las dos tradiciones pueden respirar juntas antes de volver al debate.
Referencias bíblicas clave
Hch 2:1-11 · 1 Co 12:4-11 · 1 Co 12:28-30 · 1 Co 14:1-5 · 1 Co 14:27-40 · 1 Co 13:8-10 · Jn 16:13-14 · 1 Jn 4:1
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre el don de lenguas de Hechos 2 y el de 1 Corintios 14?
En Hechos 2 el texto describe idiomas humanos reconocibles por oyentes de distintos países (Hch 2:6-11), usados para proclamar el evangelio. En 1 Corintios 14:2 Pablo menciona que quien habla en lengua sin intérprete «habla a Dios» y nadie lo entiende. Algunos intérpretes ven allí una categoría diferente —un lenguaje de oración— mientras que otros entienden que es el mismo don usado en un contexto donde no hay quien lo interprete. El texto no zanja definitivamente la cuestión, por lo que los estudiosos fieles a la Biblia mantienen posiciones distintas.
¿Dice la Biblia que todos los creyentes deberán hablar en lenguas?
No. Pablo hace precisamente esa pregunta de manera retórica en 1 Corintios 12:30: «¿hablan todos en lenguas?», esperando la respuesta negativa. El Espíritu distribuye los dones «como él quiere» (1 Co 12:11), no de manera uniforme a cada creyente. La enseñanza de que las lenguas son la evidencia necesaria del bautismo del Espíritu para todo cristiano no tiene respaldo claro en el texto bíblico y ha sido cuestionada por teólogos de diversas tradiciones evangélicas.
¿Qué significa que las lenguas cesarán según 1 Corintios 13:8?
Pablo escribe que las lenguas «cesarán» cuando llegue «lo perfecto» (1 Co 13:10). El debate gira en torno a qué es «lo perfecto»: el canon completo de la Escritura, según los cesacionistas, o la segunda venida de Cristo, según los continuacionistas. La gramática y el contexto del pasaje —que habla de ver «cara a cara» y conocer como somos conocidos— se acercan más al lenguaje escatológico del encuentro final con Dios que al cierre del canon. Ambas lecturas tienen intérpretes serios, y la posición que se adopte aquí influye decisivamente en toda la discusión sobre los dones.
¿Cómo debe la iglesia usar el don de lenguas en el culto?
Pablo da instrucciones claras en 1 Corintios 14:27-28: que hablen en lenguas de dos en dos, o a lo más tres, por turno, y solo si hay intérprete. Si no hay intérprete, quien tenga ese don debe guardar silencio y hablar a Dios en su interior. El principio rector es la edificación de la asamblea (1 Co 14:26). Las congregaciones que practican el don hacen bien en someter esas manifestaciones a ese estándar; las que no lo practican hacen bien en evitar el desprecio hacia quienes sí lo hacen (1 Co 14:39).
¿Es el don de lenguas una señal de mayor madurez espiritual?
No, y Pablo trabaja contra esa idea en 1 Corintios 12-14. Primero, los dones son otorgados por el Espíritu soberanamente, no ganados por mérito ni madurez (1 Co 12:11). Segundo, Pablo coloca el don de lenguas al final de varias listas de dones (1 Co 12:28-30) y lo subordina explícitamente a la profecía por su menor utilidad cuando no hay intérprete (1 Co 14:5). El capítulo 13 —el centro del argumento— deja claro que hablar en «lenguas de hombres y ángeles» sin amor no es nada. El amor es el camino excelente, no cualquier don en particular.