¿Deben los cristianos guardar el sábado o adorar el domingo?
Cristianos fieles discrepan sobre el día, y la Biblia no lo convierte en condición de salvación: la mayoría de las iglesias adora el domingo, día de la resurrección, mientras que los adventistas del séptimo día y otros sabatistas guardan el sábado porque sostienen que el cuarto mandamiento sigue vigente. Para unos y otros, la salvación viene por gracia mediante la fe en Cristo (Efesios 2:8-9). Pablo, en Romanos 14:5-6, deja la elección de los días a la convicción de cada persona, aunque los sabatistas leen ese pasaje de otra manera, como se verá más abajo. Ambos lados citan la Escritura con seriedad, y ambos merecen ser escuchados.
Tres posturas entre creyentes fieles
Antes de los textos, conviene ver las respuestas lado a lado.
- El sábado, séptimo día: los adventistas del séptimo día, los bautistas del séptimo día y otras iglesias enseñan que el cuarto mandamiento obliga a todo creyente, y guardan el descanso y la adoración desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado.
- El domingo como día cristiano de descanso y adoración: la tradición reformada y puritana, como la Confesión de Fe de Westminster y la Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689, mantiene el mandamiento, pero sostiene que el día pasó al primer día de la semana a causa de la resurrección.
- El domingo como día de adoración, sin ley de un día: muchos cristianos sostienen que el reposo del sábado se cumple en Cristo y que el Nuevo Testamento no impone un día de descanso. La iglesia se reúne el domingo porque el Nuevo Testamento la muestra reunida el primer día y porque en ese día se celebra la resurrección.
En la herencia bautista de libertad de conciencia, que esta casa hace suya, acogemos como hermanos tanto a quienes guardan el sábado como a quienes adoran el domingo. Lo que debe evitarse es convertir el día en prueba de salvación o de fidelidad, desde cualquiera de los dos lados.
Qué respalda guardar el sábado en Éxodo 20 y Génesis 2
El argumento sabatista tiene una base seria. El mandamiento del sábado, el cuarto en la numeración protestante (para los católicos es el tercero), está en el Decálogo: «Acuérdate del sábado para santificarlo» (Éxodo 20:8-11). El motivo que se da allí es la creación, pues Dios trabajó seis días y descansó el séptimo (Génesis 2:2-3). Para los sabatistas, eso sitúa el sábado antes de Moisés y antes de Israel, como un orden de la creación para toda la humanidad. La palabra hebrea shabbat está ligada al verbo que significa cesar.
Añaden que Jesús iba a la sinagoga en sábado, «conforme a su costumbre» (Lucas 4:16), que Pablo razonó con los judíos de Tesalónica a partir de las Escrituras durante tres sábados (Hechos 17:2), y que Isaías imagina la nueva creación con adoración «de sábado en sábado» (Isaías 66:23). Y dicen que guardan el sábado como respuesta a la gracia, no como manera de ganar la salvación.
Quienes adoran el domingo responden con observaciones del propio texto. Génesis 2:3 dice que Dios bendijo y santificó el séptimo día, pero no registra ningún mandato a Adán. En Deuteronomio 5:12-15, el motivo del sábado es la liberación de Egipto, y Nehemías 9:13-14 sitúa en el Sinaí el momento en que Dios dio a conocer su santo sábado. En Éxodo 31:13-17 y Ezequiel 20:12, el sábado se llama señal entre Dios e Israel, aunque Éxodo 31:17 vincula esa señal con la creación, y ahí se afirman los sabatistas. Las visitas de Pablo a la sinagoga, por su parte, pueden leerse como estrategia misionera: allí estaban los judíos, y a ellos había que anunciarles a Cristo.
Qué dicen Jesús, Colosenses 2 y Hebreos 4 sobre el sábado
Jesús no vino a abolir la ley (Mateo 5:17) y, al mismo tiempo, dijo que «el sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado», declarándose Señor del sábado (Marcos 2:27-28). Eso corrige un uso legalista del día, pero por sí solo no responde si el día sigue siendo obligatorio, y cada lado lee el pasaje a su favor.
Colosenses 2:16-17 es uno de los textos más citados por quienes no guardan el sábado: nadie debe juzgar a un creyente por comida, bebida, fiestas, lunas nuevas o sábados, que son sombra, mientras que el cuerpo pertenece a Cristo. Los sabatistas responden que Pablo habla de los sábados ceremoniales de las fiestas anuales (Levítico 23), no del sábado semanal. Los demás señalan que la tríada de sábados, lunas nuevas y fiestas aparece en el Antiguo Testamento con el sábado semanal incluido (1 Crónicas 23:31), y que el mismo orden de Colosenses, fiestas, lunas nuevas y sábados, aparece en Ezequiel 45:17 y Oseas 2:11, de modo que Pablo parece incluir también el día semanal.
En Hebreos 4, el autor dice que «queda» un reposo para el pueblo de Dios (Hebreos 4:9-10). La palabra sabbatismos (σαββατισμός), que aparece solo allí en el Nuevo Testamento, es leída por los sabatistas como un llamado a guardar el sábado. Otros la leen como el reposo de quienes confían en Cristo y cesan de sus propias obras, ya vivido hoy (Hebreos 4:3) y todavía por venir. El texto es disputado y no puede resolver la cuestión por sí solo.
Por qué la iglesia del Nuevo Testamento se reunía el primer día
Los cuatro Evangelios sitúan la resurrección el primer día de la semana (Juan 20:1). Juan registra a los discípulos reunidos esa misma tarde (Juan 20:19) y de nuevo ocho días después (Juan 20:26). En Troas, Lucas cuenta que los discípulos se reunieron el primer día de la semana para partir el pan (Hechos 20:7), y Pablo pide a los corintios que aparten su ofrenda ese día (1 Corintios 16:2). En Apocalipsis 1:10, Juan dice que estaba «en el Espíritu» en «el día del Señor», en griego kyriakē hēmera.
Estos textos describen una práctica, y ninguno manda el domingo. Los sabatistas lo notan, señalan que 1 Corintios 16:2 habla de guardar la ofrenda en casa, y sugieren que Lucas cuenta el día a la manera judía, de puesta de sol a puesta de sol, lo que haría de la reunión de Hechos 20:7 una noche de sábado según nuestro cómputo. Quienes defienden el domingo responden que el conjunto muestra una reunión cristiana que se fijó en el primer día a causa de la resurrección, y que Justino Mártir, a mediados del siglo II, la describe en el día que los paganos llamaban día del Sol, es decir, el domingo. Ese testimonio ayuda a fechar la práctica, pero es historia de la iglesia y no sustituye a la Escritura.
En cuanto a Apocalipsis 1:10, el texto no dice cuál es el día del Señor. Muchos intérpretes entienden que es el domingo, los sabatistas entienden que es el sábado, y algunos leen el Día del Señor profético, el día del juicio de Dios. Aquí es prudente no afirmar más de lo que dice el versículo.
Cómo convivir con la diferencia sin juzgar a un hermano
Romanos 14:5-6 es el punto de partida pastoral: uno estima un día más que otro, otro estima iguales todos los días, y cada uno debe estar plenamente convencido en su propia mente, actuando para el Señor. La palabra «sábado» no aparece, de hecho, en Romanos 14, y los sabatistas entienden que Pablo trata allí de comidas y de días de ayuno o de fiesta. Aun leído así, el espíritu del capítulo se aplica aquí: Pablo pide que nadie juzgue ni menosprecie a un hermano o hermana en asuntos en los que cristianos sinceros discrepan (Romanos 14:10 y 14:13).
En la práctica, quienes adoran el domingo hacen bien en no llamar legalista a un hermano sabatista solo por el día, y quienes guardan el sábado hacen bien en no tratar a la iglesia del domingo como infiel. Dos puntos quedan firmes para todos: la iglesia es llamada a reunirse (Hebreos 10:24-25), y el verdadero descanso se encuentra en Cristo (Mateo 11:28). Quien tenga todo su domingo devorado por el trabajo y los quehaceres debe oír también Marcos 2:27, que presenta el descanso como un regalo para el bien de las personas. En casos concretos, como un empleo que cae en el día de culto, el pastor de la iglesia local es el mejor consejero.
Referencias bíblicas clave
Éx 20:8-11 · Mr 2:27-28 · Col 2:16-17 · Ro 14:5-6 · Hch 20:7 · 1 Co 16:2 · Ap 1:10 · He 4:9-10