13“Aun si Balac me diera su palacio lleno de oro y de plata, yo no podría hacer nada bueno ni malo, sino ajustarme al mandamiento del SEÑOR mi Dios. Lo que el SEÑOR me ordene decir, eso diré.”
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En Números 24, Balaam pronuncia su cuarto y último oráculo, pero esta vez, en lugar de intentar maldecir a Israel, el Espíritu de Dios lo domina y lo obliga a bendecirlos y a profetizar sobre su glorioso futuro. Sus palabras culminan en una visión mesiánica de un rey que surgirá de Jacob, un “Estrella” y un “Cetros” que aplastará a los enemigos de Israel. Este capítulo subraya la soberanía inquebrantable de Dios sobre sus planes y su pueblo, incluso a través de la boca de un profeta pagano.