Sandalia

La sandalia era el calzado cotidiano del mundo bíblico: una suela de cuero, a veces de madera o de fibra vegetal trenzada, sujeta al pie con correas. Por sencilla que fuera, aparece en momentos decisivos de la Escritura, desde la zarza ardiente hasta el Jordán, desde la puerta de Belén hasta la predicación de Juan el Bautista y la armadura de Dios.

Como las sandalias se usaban en caminos polvorientos y se quitaban al entrar en casa, se convirtieron en símbolos naturales. Quitárselas podía expresar reverencia ante Dios o duelo; entregar una podía sellar un negocio legal; desatar la sandalia de otra persona era el servicio más bajo de un esclavo; ponérselas significaba estar listo para el camino.

Seguir estos usos a lo largo de la Biblia ayuda a entender varios textos conocidos y muestra cómo Dios enseña grandes verdades por medio de cosas comunes.

1. Etimología y significado

La palabra hebrea común es naʿal (נַעַל), usada para sandalia o calzado. El verbo relacionado significa “calzar” a alguien: los cautivos de Judá fueron vestidos y calzados (2 Crónicas 28:15), y el Señor dice a Jerusalén que la calzó de tejón, es decir, de cuero fino (Ezequiel 16:10). La correa de la sandalia es śĕrôk (שְׂרוֹךְ), mencionada cuando Abram se niega a tomar del rey de Sodoma ni un hilo ni una correa de calzado (Génesis 14:23).

En el Nuevo Testamento la palabra usual es hypódēma (ὑπόδημα), literalmente “algo atado por debajo” del pie (Mateo 3:11; Lucas 10:4; 15:22). La palabra sandálion (σανδάλιον) aparece en Marcos 6:9 y Hechos 12:8. La correa es himás (ἱμάς) (Marcos 1:7). En Efesios 6:15 Pablo usa el verbo relacionado hypodéō, “calzar”.

2. Contexto histórico y uso bíblico

Calzado de todos los días

La mayoría de la gente en el antiguo Israel usaba sandalias, no zapatos cerrados. Los pobres podían andar descalzos, y los ricos tener cuero más fino. Las sandalias de los viajeros se gastaban, como fingieron los gabaonitas al llegar con zapatos viejos y recosidos (Josué 9:5, 13). Notablemente, durante cuarenta años en el desierto el calzado de Israel no se envejeció (Deuteronomio 29:5), señal del cuidado diario de Dios.

Quitarse y ponerse las sandalias

Las sandalias se quitaban dentro de la casa, y a los huéspedes se les lavaban los pies polvorientos (Génesis 18:4; Juan 13:5). Andar descalzo en público era señal de duelo o humillación: David subió descalzo al huir de Absalón (2 Samuel 15:30), e Isaías anduvo descalzo como señal del cautiverio que vendría (Isaías 20:2-4). En contraste, a Ezequiel se le ordenó no hacer duelo por su esposa y ponerse los zapatos (Ezequiel 24:17). En la primera Pascua, Israel comió con el calzado en los pies, listo para salir de Egipto (Éxodo 12:11).

Símbolo de posesión y de valor

La sandalia también se relacionaba con el derecho sobre la tierra, quizás porque se pisa lo que se posee. Dios dice que sobre Edom echará su calzado (Salmo 60:8; 108:9), gesto que la mayoría de los intérpretes entiende como tomar posesión. En el otro extremo, un par de zapatos podía simbolizar algo casi sin valor: Amós condena a los que venden al pobre por un par de zapatos (Amós 2:6; 8:6).

3. Principales pasajes

Éxodo 3:5. En la zarza ardiente Dios dice a Moisés: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” El suelo era santo no por el lugar mismo, sino por la presencia de Jehová. La misma orden recibe Josué del Príncipe del ejército de Jehová cerca de Jericó (Josué 5:15), marcando la continuidad entre el éxodo y la conquista. Esteban recuerda la escena en su defensa (Hechos 7:33).

Deuteronomio 25:9-10. Si un hombre se negaba a levantar descendencia a su hermano muerto por el matrimonio de levirato, la viuda debía quitarle el calzado del pie delante de los ancianos y escupirle en el rostro, y su casa sería llamada “la casa del descalzado”. El gesto marcaba públicamente el rechazo de un deber familiar.

Rut 4:7-8. En Belén, para confirmar un negocio, uno se quitaba el zapato y lo daba al otro. El pariente más cercano renunció a su derecho de redención, y Booz adquirió el campo de Elimelec y tomó a Rut por esposa. El narrador explica la costumbre porque ya era antigua en su tiempo. La escena se relaciona con Deuteronomio 25, aunque no es idéntica, y los estudiosos discuten cómo se conectan exactamente ambas costumbres.

Marcos 1:7; Juan 1:27. Juan el Bautista dice de Jesús que no es digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Mateo dice que no es digno de llevar su calzado (Mateo 3:11; compárese Lucas 3:16; Hechos 13:25). Encargarse de las sandalias del amo era tarea de esclavo; un dicho rabínico posterior incluso eximía de ella a los discípulos (Talmud de Babilonia, Ketubot 96a). Juan, el mayor de los profetas, confesó no ser digno ni de ese servicio tan bajo.

Lucas 10:4. Al enviar a los setenta y dos, Jesús dijo: “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado.” La misión era urgente y dependía de la provisión de Dios. Los relatos de los Doce difieren un poco (Mateo 10:10 prohíbe el calzado; Marcos 6:9 permite sandalias); muchos intérpretes entienden que Jesús prohibió llevar provisiones adicionales, no simplemente usar sandalias, pero la armonización exacta se discute.

Lucas 15:22. Cuando vuelve el hijo pródigo, el padre ordena sacar el mejor vestido, ponerle un anillo en la mano y calzado en los pies. Los siervos con frecuencia andaban descalzos; el calzado en los pies del hijo declaraba que era recibido no como jornalero, sino como hijo.

Efesios 6:15. En la armadura de Dios, el creyente está firme calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. La imagen hace eco de Isaías 52:7, citado en Romanos 10:15: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz!”

4. Significado teológico

La sandalia enseña primero la santidad de Dios. Ante él el ser humano debe acercarse con reverencia, reconociendo que el suelo de su presencia no es común. Sin embargo, ese Dios santo se acercó en Jesucristo, y aquel cuyo calzado Juan no era digno de desatar se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:5). La humildad del siervo es superada por la humildad del Señor.

La sandalia habla también de redención y pertenencia. En Rut, la entrega del zapato abre camino para que Booz, el pariente redentor, restaure una familia y reciba en Israel a una viuda extranjera, de quien descienden David y finalmente Cristo (Rut 4:17; Mateo 1:5). En la parábola del hijo pródigo, el calzado señala la filiación restaurada. La gracia no solo perdona; viste y devuelve la dignidad.

Por último, la sandalia expresa disposición. Israel comió la Pascua con el calzado puesto, listo para partir; la iglesia está firme en el evangelio de la paz con los pies preparados para ir. La fe no es estática: los redimidos son enviados.

5. Legado y referencias canónicas

La sandalia recorre todo el canon: Génesis (14:23), el éxodo (Éxodo 3:5; 12:11), la ley (Deuteronomio 25:9-10; 29:5), la conquista (Josué 5:15; 9:5), Rut, los Salmos, los Profetas (Isaías 5:27; 20:2; Amós 2:6), los Evangelios y las Epístolas. Incluso el Cantar de los Cantares alaba los pies de la amada en las sandalias (Cantares 7:1).

En el judaísmo posterior, la ceremonia de Deuteronomio 25 se convirtió en un rito formal llamado ḥalitzá (quitar el calzado). En la tradición cristiana, el dicho de Juan el Bautista se volvió un modelo clásico de humildad en el ministerio: el siervo aparta la mirada de sí mismo y señala a Cristo.

6. Aplicación para hoy

¿Todavía nos acercamos a Dios con reverencia? La mayoría nunca se quitará las sandalias en el culto, pero la actitud de Éxodo 3:5 permanece: la oración, la lectura de la Escritura y la reunión de la iglesia son tierra santa porque Dios está presente. La familiaridad no debe volverse descuido.

La confesión de Juan también examina nuestro orgullo. Quien sirve en la iglesia puede ser tentado a buscar reconocimiento. La postura correcta es la suya: Cristo es tan grande que no somos dignos ni del servicio más bajo, y aun así él nos usa por gracia. Y para quien se siente lejos de Dios, el calzado puesto en los pies del pródigo es buena noticia. El Padre no recibe a los hijos arrepentidos como jornaleros, sino que los restaura como hijos e hijas. Cálzate, pues, con el apresto del evangelio de la paz y camina adonde él te envíe.