Hiena

La hiena es uno de los animales más esquivos de la Biblia. La hiena rayada (Hyaena hyaena) era un carroñero común en la antigua Canaán y todavía hoy vive en Israel y en las tierras vecinas. Caza y busca carroña de noche, quiebra huesos con mandíbulas poderosas, frecuenta ruinas y cuevas y, en el antiguo Oriente Próximo, tenía fama de desenterrar tumbas poco profundas. Para un pueblo que sepultaba pronto a sus muertos y temía la profanación de un cadáver, pocos animales resultaban más inquietantes.

Sin embargo, el lector de la Biblia en español solo encuentra la palabra en algunas traducciones, y no siempre en los mismos versículos. La razón es una incertidumbre honesta. La palabra hebrea más asociada con la hiena, tsabua, aparece una sola vez como sustantivo común, y allí funciona como adjetivo en una línea difícil. Otros pasajes que versiones modernas traducen "hienas" usan otra palabra hebrea cuyo sentido también se discute. Este artículo expone lo que se puede afirmar con seguridad, lo que sigue siendo incierto y por qué la imagen todavía habla.

1. Etimología y significado

El hebreo tsabua (צָבוּעַ) procede de una raíz que significa "teñir" o "colorear", y su sentido básico es "coloreado, rayado, moteado". La misma raíz está detrás del nombre árabe de la hiena, dabu', y el pelaje rayado del animal encaja bien con la idea de una criatura "listada". Por eso muchos estudiosos piensan que tsabua pudo servir como nombre de la hiena, aunque las pruebas son escasas.

La forma plural tseboim (צְבֹעִים) aparece como nombre de lugar: el "valle de Zeboim" (1 Samuel 13:18) y la ciudad de Zeboim en Benjamín (Nehemías 11:34). El nombre se entiende naturalmente como "hienas", de modo que el valle era, en la práctica, el "Valle de las Hienas". No debe confundirse con Zeboim (צְבֹיִים), una de las ciudades de la llanura destruidas con Sodoma y Gomorra (Génesis 14:2; Deuteronomio 29:23; Oseas 11:8), que en hebreo se escribe de otro modo y tiene otra raíz.

Una segunda palabra, 'iyyim (אִיִּים), probablemente significa "aulladores" y designa algún animal del desierto conocido por su grito. Traducciones antiguas usaron términos vagos como "fieras"; muchas versiones modernas traducen "hienas", otras "chacales" o "perros salvajes". La identificación es una conjetura razonable, no una certeza. En griego la hiena es hyaina, palabra que aparece en la Septuaginta de Jeremías 12:9 y no en el Nuevo Testamento.

2. Contexto histórico y uso bíblico

El animal en la tierra de Israel

La hiena rayada es un animal solitario, sobre todo nocturno, del tamaño de un perro grande, con el lomo inclinado, crin erizada y rayas oscuras sobre un pelaje grisáceo. Come carroña, animales pequeños, frutos y desperdicios, y puede triturar y digerir huesos. Hacía su guarida en cuevas, grietas de roca y edificios abandonados. En una tierra de pastores era una amenaza para los animales débiles y una señal de que un lugar había quedado entregado a la muerte y la ruina.

Según la ley de Moisés, un carnívoro que se alimentaba de cadáveres era inmundo (compárese Levítico 11:27, que prohíbe los animales que andan sobre sus garras), así que la hiena pertenecía por completo al mundo de fuera de la mesa y del culto de Israel. En la poesía, su presencia evocaba impureza, desolación y sepulcro.

Un lugar con nombre de hienas

En 1 Samuel 13:17-18, los filisteos enviaron partidas de saqueo desde su campamento en Micmas. Una de ellas se dirigió hacia la frontera que mira al valle de Zeboim, hacia el desierto. Es la huella más clara de la hiena en la Biblia hebrea: un barranco salvaje en las laderas orientales de Benjamín, que baja hacia el desierto de Judá, conocido por los animales que vivían allí. Después del exilio, benjamitas volvieron a habitar una ciudad llamada Zeboim (Nehemías 11:34), quizá en la misma zona.

3. Pasajes principales

Jeremías 12:9. El Señor se lamenta por su pueblo: su heredad es como ave de rapiña de muchos colores, rodeada por otras aves de rapiña. El hebreo dice 'ayit tsabua', literalmente "ave de rapiña, moteada". La Septuaginta griega leyó la línea de otra manera, como "cueva de hiena", y algunas versiones modernas siguen esa lectura. Otras conservan el "ave de muchos colores". En cualquier caso, la imagen es la misma: Judá se ha vuelto presa herida rodeada de carroñeros, porque Dios entregó lo que amaba su alma en manos de sus enemigos (Jeremías 12:7). No es posible saber con certeza cuál lectura es la original, y ambas cuentan con defensores serios.

Isaías 13:22. En el oráculo contra Babilonia, la ciudad soberbia queda en ruinas: los animales aulladores gritarán en sus palacios y los chacales en sus casas de deleite. La palabra es 'iyyim. Sea la hiena u otro animal que aúlla, el sentido es claro: donde los reyes celebraban banquetes, la noche se llenará con el grito de los carroñeros.

Isaías 34:14. El juicio sobre Edom pinta la misma escena: las fieras del desierto se encuentran con los 'iyyim, las cabras salvajes se llaman unas a otras y la tierra vuelve a ser desierto. Jeremías 50:39 usa la misma pareja de criaturas del desierto para Babilonia. Estos textos no enseñan zoología; usan a los habitantes más conocidos de las ruinas para mostrar lo que deja atrás el juicio de Dios.

4. Significado teológico

En la Escritura, la hiena es menos un animal para estudiar que una señal para leer. Representa la desolación después del juicio. Cuando una ciudad se exalta contra Dios, su fin no es solo la derrota sino el vacío: los palacios se vuelven guaridas y las únicas voces que quedan son los gritos de los animales nocturnos. Los profetas usan esta imagen para humillar el orgullo humano. Babilonia y Edom parecían eternas; el Señor declara que se convertirán en lugares donde vagan los carroñeros.

En Jeremías 12, la imagen se vuelve hacia dentro. La propia heredad de Dios se ha vuelto presa, no porque el Señor sea débil, sino porque su pueblo lo abandonó. La escena parte el corazón: Dios llama a Judá "lo que amaba mi alma" (Jeremías 12:7) en el mismo momento en que la entrega a la disciplina. El juicio es real, pero se pronuncia con dolor. El mismo capítulo termina con una promesa de compasión y restauración (Jeremías 12:15).

5. Legado y referencias canónicas

Fuera del canon protestante, la Sabiduría de Ben Sira (Eclesiástico 13:18) pregunta qué paz puede haber entre la hiena y el perro, usando al animal como proverbio de enemistad natural. Esto muestra lo conocida que era la hiena en la vida judía, aunque el libro no es Escritura. En la tradición judía y árabe posterior, la hiena conservó su fama de merodear los sepulcros.

En la Biblia misma, las referencias son pocas y en parte inciertas: un nombre de lugar claro (1 Samuel 13:18), una línea discutida en Jeremías y un grupo de textos proféticos en los que traductores modernos eligen "hienas" para un animal aullador del desierto. Es prudente no construir doctrina sobre una decisión de traducción. Lo que permanece firme es el patrón profético: las fieras del desierto ocupan lo que el orgullo construyó y el pecado arruinó.

Ese patrón se invierte en las promesas de la nueva creación. Isaías anuncia el día en que "se alegrarán el desierto y la soledad" (Isaías 35:1) y la morada de chacales se volverá lugar de cañas y juncos (Isaías 35:7). El reinado del Mesías pone fin al dominio de la desolación.

6. Aplicación para hoy

La hiena nos recuerda que el pecado siempre deja ruinas. El orgullo promete monumentos duraderos, pero lo que se construye contra Dios termina como guarida de carroñeros. Vale la pena preguntarnos dónde nuestra vida se ha convertido en una "torre" de autosuficiencia que Dios quizá tenga que derribar para nuestro bien.

Al mismo tiempo, Jeremías muestra el corazón de Dios detrás del juicio. El Señor se duele por su heredad herida. En Cristo ese dolor se convierte en rescate: el Hijo entró en el lugar desolado de la muerte, fue puesto en un sepulcro y resucitó para que ninguna tumba pudiera retener a su pueblo. Las ruinas no tienen la última palabra para los que le pertenecen. El Dios que convierte desiertos en jardines puede reconstruir lo que nuestro pecado devastó, y nos llama a volver a él mientras hay tiempo.