El Predicador

El Predicador es el título con que se presenta quien habla en el libro de Eclesiastés: “Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:1-2). Detrás de la palabra española está el hebreo Qohélet, que aparece siete veces en el libro (1:1, 1:2, 1:12, 7:27, 12:8, 12:9, 12:10) y en ningún otro lugar de la Biblia.

Qohélet no es un nombre propio, sino una función: el que reúne una asamblea y le habla. Algunas traducciones modernas lo vierten “el Maestro”, y muchos estudiosos simplemente conservan la forma hebrea. El Predicador es un sabio que mira la vida “debajo del sol” con rara honestidad, prueba todo camino que promete satisfacción duradera y lleva a sus oyentes, al final, al temor de Dios.

Este artículo explica el sentido del título, reúne lo que el libro dice del Predicador, sopesa la identificación tradicional con Salomón y las razones por las que algunos intérpretes fieles ven a un autor posterior hablando con la voz de Salomón, y destaca el significado de su mensaje.

1. Etimología y significado

Qohélet (קֹהֶלֶת) es un participio del verbo qahal, “reunir, convocar”, raíz de qahal, “asamblea, congregación”. La palabra significa, pues, algo como “el que convoca” o “el que se dirige a la asamblea”. Se han propuesto varios matices: un maestro público de sabiduría, alguien que preside una reunión del pueblo o incluso un “recopilador” de dichos sabios, lo que concuerda con la descripción de su obra en 12:9.

La forma es gramaticalmente femenina, aunque se usa con verbos masculinos y se refiere a un hombre. La explicación más común es que los participios femeninos podían designar un oficio o función; un patrón semejante aparece en nombres de familias o gremios como Soferet (Esdras 2:55) y Poqueret-hazebaim (Esdras 2:57). Una vez la palabra lleva artículo definido, “el Qohélet” (12:8), lo que confirma que funciona como título. En 7:27 el texto hebreo trae un verbo femenino (“dice Qohélet”); muchos estudiosos piensan que las letras deben dividirse para leer “dice el Qohélet”, como en 12:8, pero el sentido es el mismo.

El Antiguo Testamento griego tradujo el título como Ekklesiastes (Ἐκκλησιαστής), “el que habla en la asamblea (ekklesia)”. De ahí vino el latín Ecclesiastes, nombre del libro en la mayoría de las tradiciones. Lutero lo tradujo Prediger, y la Reina-Valera consagró “Predicador”. La palabra no debe leerse como “predicador cristiano” en el sentido moderno; describe a un sabio que enseña al pueblo.

2. Contexto histórico y uso bíblico

Cómo se presenta el Predicador

El Predicador se llama “hijo de David, rey en Jerusalén” (1:1) y dice: “Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén” (1:12). Afirma haber crecido en sabiduría “sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén” (1:16) y describe grandes obras: casas, viñas, huertos y jardines, estanques, muchos siervos, plata y oro, cantores y muchas concubinas (2:4-9). El epílogo añade que “enseñó sabiduría al pueblo”, e hizo escuchar, escudriñó y compuso muchos proverbios, y que procuró hallar “palabras agradables” y escribir rectamente “palabras de verdad” (12:9-10).

La identificación tradicional con Salomón

Estos rasgos corresponden de cerca a Salomón. Salomón recibió sabiduría como nadie antes ni después de él (1 Reyes 3:12), compuso tres mil proverbios (1 Reyes 4:29-34), acumuló riquezas extraordinarias (1 Reyes 10:14-27) y tuvo muchas mujeres y concubinas (1 Reyes 11:3). Llama la atención también que 1 Reyes usa el verbo qahal para Salomón: él “reunió” a los ancianos y a todo Israel en la dedicación del templo y luego se dirigió a la congregación y la bendijo (1 Reyes 8:1, 8:14, 8:55). Por estas razones la tradición judía (el Targum, por ejemplo) y la mayoría de los intérpretes cristianos a lo largo de los siglos identificaron al Predicador con Salomón.

Un debate honesto

Otros intérpretes, incluidos estudiosos conservadores respetados como Franz Delitzsch en el siglo XIX, concluyeron que el libro fue escrito más tarde por un sabio inspirado que habla a través de la figura de Salomón. Observan que, a diferencia de Proverbios 1:1 y Cantares 1:1, el libro nunca nombra a Salomón; que el autor dice “fui rey” (1:12) y se compara con “todos los que fueron antes de mí en Jerusalén” (1:16; 2:9), cuando solo David había reinado allí antes de Salomón; que el hebreo muestra rasgos tardíos, incluidas palabras que pueden ser préstamos persas, como pardes, “huerto, parque” (2:5), y pitgam, “sentencia” (8:11); que varios pasajes ven a reyes y funcionarios desde abajo, como un súbdito (4:13; 5:8; 10:16-20); y que el epílogo habla del Predicador en tercera persona (12:9-10). El Talmud (Bava Batra 15a) dice que Ezequías y sus compañeros “escribieron” Eclesiastés, probablemente en el sentido de editarlo o publicarlo.

Otros estudiosos conservadores responden que estos argumentos no son decisivos: los detalles reales concuerdan con Salomón, el estilo puede reflejar el género de la literatura sapiencial y la datación lingüística es incierta. La cuestión no puede resolverse con certeza a partir del texto. Lo que importa para la fe no queda afectado: el libro presenta su mensaje con la autoridad de un rey sabio del linaje de David, y el epílogo afirma que sus palabras fueron “dadas por un Pastor” (12:11).

3. Pasajes principales

Eclesiastés 1:1-2. El título y el lema. El hebreo hevel havalim, “vanidad de vanidades”, usa una forma superlativa (como “lugar santísimo”): la más pasajera de todas las cosas. Hevel significa literalmente soplo o vapor. El mismo lema cierra el libro en 12:8, enmarcando toda la búsqueda.

Eclesiastés 1:12-18. El Predicador describe su tarea: dio su corazón “a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo”, y lo halló “penoso trabajo” y “aflicción de espíritu”. Aun la sabiduría añade dolor (1:18).

Eclesiastés 2:1-11. El gran experimento: placer, risa, vino, grandes obras, posesiones y arte. No se negó nada, pero al mirar todas sus obras vio que “todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (2:11).

Eclesiastés 7:27-28. “He aquí esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón.” El versículo muestra su método: observación paciente, pieza por pieza, admitiendo cuánto sigue sin hallarse.

Eclesiastés 12:9-14. El epílogo describe al Predicador como un maestro sabio que ordenó proverbios con cuidado. Las palabras de los sabios son como aguijones y como clavos hincados, “dadas por un Pastor” (12:11). Luego viene la conclusión: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio” (12:13-14).

4. Significado teológico

Sabiduría honesta. El Predicador no esconde los hechos duros de la vida: la muerte llega al sabio y al necio (2:14-16), la impiedad ocupa el lugar del juicio (3:16; 4:1), y el ser humano no alcanza a entender toda la obra de Dios (3:11; 8:17). La Escritura incluye esta voz para que los creyentes lleven sus preguntas delante de Dios en lugar de sofocarlas.

La vida “debajo del sol”. La expresión, repetida muchas veces, describe la vida vista desde dentro de este mundo. Desde ese ángulo todo es hevel: breve, huidizo, fuera de nuestro control. La palabra no significa que la vida no valga nada, sino que nada creado puede cargar con el peso del sentido último.

El gozo como don de Dios. Junto a sus lamentos, el Predicador recomienda una y otra vez comer, beber y gozar del bien de su trabajo como dones “de la mano de Dios” (2:24-26; 3:12-13; 5:18-20; 9:7-10). El contentamiento recibido de Dios es fruto de renunciar a la ilusión de control.

El temor de Dios. “Lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres” (3:14). La búsqueda del Predicador no termina en cinismo, sino en obediencia reverente y en la certeza del juicio (12:13-14).

Hacia Cristo. El Nuevo Testamento no cita Eclesiastés directamente, pero responde a las preguntas del Predicador. Pablo dice que la creación “fue sujetada a vanidad” (Romanos 8:20), usando la palabra griega con que el Antiguo Testamento griego tradujo hevel en Eclesiastés, y que será libertada. En Cristo “vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Jesús declaró que “he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42), y en él “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3).

5. Legado y referencias canónicas

El Predicador dio nombre al libro en casi todas las lenguas, a través del griego Ekklesiastes. En la práctica judía, Eclesiastés es uno de los cinco rollos (Meguilot) y se lee en la Fiesta de los Tabernáculos. Su lugar en el canon fue discutido por rabinos antiguos (Misná, Yadayim 3:5), pero fue aceptado como Escritura, y la iglesia lo recibió como parte del Antiguo Testamento. Sus frases entraron en el habla común: “nada hay nuevo debajo del sol” (1:9), “todo tiene su tiempo” (3:1), “no hay fin de hacer muchos libros” (12:12). En el canon, el Predicador está junto a Job y Proverbios como voz de la sabiduría, equilibrando la confianza de Proverbios con realismo frente a un mundo caído.

6. Aplicación para hoy

El Predicador nos invita a la honestidad. Mucha gente corre tras el éxito, el placer o el reconocimiento esperando que por fin la satisfagan; él lo probó todo y solo halló soplo. Su honestidad nos libra de esperar de las cosas creadas lo que solo Dios puede dar. Al mismo tiempo nos enseña gratitud por los dones sencillos: el pan de cada día, el trabajo, la amistad, el gozo de una comida compartida recibida de la mano de Dios. Su llamado sigue siendo urgente: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (12:1) y “teme a Dios, y guarda sus mandamientos” (12:13). Para el cristiano, la historia no termina debajo del sol. El que es más que Salomón entró en nuestra vanidad, murió y resucitó, y en él ninguna obra hecha con fe se pierde.