El Salmo 87 es un canto de Sion que celebra la elección divina de Jerusalén como el lugar donde Dios habita. En medio de una lista de naciones enemigas —Egipto, Babilonia, Filistea, Tiro y Cus— el salmista declara que personas de esos pueblos serán contadas como ciudadanos de Sion. El Salmo 87 anuncia una visión sorprendente: la gracia de Dios trasciende las fronteras étnicas y geográficas, y el verdadero registro de ciudadanía no está en un censo terrenal, sino en el libro de la vida. Es un poema de esperanza mesiánica que anticipa la reunión de todas las naciones en el pueblo de Dios.
Contexto histórico
El Salmo 87 pertenece a la colección de los hijos de Coré (Salmos 42–49, 84–85, 87–88), levitas que servían en el templo. Fue compuesto probablemente después del exilio babilónico, cuando la restauración de Jerusalén era un hecho reciente y la identidad de Israel como pueblo elegido estaba siendo redefinida. La mención de Babilonia y Egipto como enemigos históricos refleja la memoria colectiva de opresión y exilio.
Culturalmente, el salmo desafía la noción común de que la ciudadanía en Sion se heredaba por sangre. En el antiguo Cercano Oriente, los dioses nacionales protegían solo a su propio pueblo. Pero el Dios de Israel declara que personas de naciones paganas —Rahab (Egipto), Babilonia, Filistea, Tiro y Cus— serán inscritas como nacidas en Sion. Esto apunta a una inclusión radical que solo se cumpliría plenamente en el Mesías, cuando el muro de separación entre judíos y gentiles fuera derribado (Ef 2:14).
Versículo por versículo
- 1:
«Su cimiento está en el monte santo.» El salmo comienza con una declaración de estabilidad. Jerusalén no es una ciudad cualquiera; su fundamento ha sido puesto por Dios mismo. El monte santo es Sion, el lugar donde el templo se erige como señal de la presencia divina. La imagen del cimiento evoca seguridad y permanencia: lo que Dios edifica no se derrumba.
- 2:
«Ama Jehová las puertas de Sion más que todas las moradas de Jacob.» Dios no desprecia las otras ciudades de Israel, pero ha puesto su afecto de manera especial en Jerusalén. Las «puertas» son el lugar de gobierno y juicio; amar las puertas de Sion significa que Dios ha elegido este lugar como el centro de su reinado sobre la tierra. Es una elección soberana, no un mérito de la ciudad misma.
- 3:
«Cosas gloriosas se dicen de ti, ciudad de Dios.» El salmista interrumpe su propia alabanza para citar lo que otros proclaman. La fama de Jerusalén no es solo humana; es divina. La expresión «ciudad de Dios» (‘ir Elohim) la distingue de cualquier otra metrópoli. Lo que se dice de ella no es propaganda política, sino revelación profética.
- 4:
«Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; he aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; este nació allá.» Dios mismo habla. Rahab es un nombre poético para Egipto (Sal 89:10; Is 30:7). La lista incluye a los enemigos clásicos de Israel: Egipto (opresor), Babilonia (exiliador), Filistea (rival constante), Tiro (potencia comercial) y Cus (Etiopía, el extremo sur conocido). Que Dios «se acuerde» de ellos implica que los incluye en su plan de redención. La frase «este nació allá» sugiere que cada persona de esas naciones puede ser considerada ciudadana de Sion por nuevo nacimiento.
- 5:
«Y de Sion se dirá: Este y aquel han nacido en ella, y el Altísimo mismo la establecerá.» La ciudadanía en Sion ya no se define por genealogía física, sino por un acto divino de registro. El «Altísimo» (Elyón) es un título que enfatiza la soberanía de Dios sobre todas las naciones. Él mismo establece a Sion como madre de muchos pueblos.
- 6:
«Jehová contará al inscribir a los pueblos: Este nació allí.» La imagen es la de un censo celestial. Dios lleva un registro, y en ese libro no importa el origen étnico, sino la pertenencia a Sion. La inscripción es un acto de gracia: nadie nace físicamente en Sion si no es por decisión divina. Esto anticipa el concepto del libro de la vida (Ap 21:27).
- 7:
«Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti.» El salmo termina con una imagen de adoración gozosa. Los músicos del templo proclaman que toda fuente de vida, alegría y bendición tiene su origen en Sion. La palabra «fuentes» (ma‘yanot) evoca manantiales de agua viva, una imagen que Jesús retomaría en Juan 4:14 y 7:38. La ciudad de Dios es el lugar donde brota la vida eterna.
Temas clave
- Elección soberana de Sion
- Inclusión de las naciones en el pueblo de Dios
- Ciudadanía celestial por nuevo nacimiento
- Adoración como respuesta a la gracia
- El libro de la vida como registro divino
Aplicación
El Salmo 87 nos confronta con una verdad incómoda y hermosa: la ciudadanía en el reino de Dios no se hereda, se recibe. No importa si creciste en un hogar cristiano o si vienes de una cultura que ha sido hostil al evangelio; lo que cuenta es si tu nombre está inscrito en el libro de Dios. Esto nivela a todos: el que nació en la iglesia y el que viene del mundo más oscuro llegan al mismo lugar —por gracia.
La lista de naciones enemigas nos recuerda que nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios. El egipcio que oprimió a Israel, el babilonio que lo exilió, el filisteo que lo humilló —todos pueden ser «nacidos en Sion» por el nuevo nacimiento. Esto nos libera de clasificar a las personas como «salvables» o «no salvables». Y nos llama a una adoración que brota de la gratitud: si estamos en Sion, es porque Dios nos inscribió allí. Todas nuestras fuentes están en Él.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «Rahab» en el Salmo 87:4?
En el Salmo 87:4, «Rahab» es un nombre poético para Egipto. Aparece también en Salmo 89:10 e Isaías 30:7. El término evoca al monstruo marino del caos en la mitología cananea, usado aquí para describir el poder opresor de Egipto. Que Dios «se acuerde» de Rahab significa que incluso la nación que esclavizó a Israel será incluida en su plan de redención.
¿El Salmo 87 enseña que todas las religiones llevan a Dios?
No. El Salmo 87 no promueve un universalismo religioso. Lo que enseña es que personas de todas las naciones —incluidas las que fueron enemigas de Israel— pueden ser incorporadas al pueblo de Dios. Pero esa incorporación ocurre en Sion, es decir, en el lugar donde Dios ha establecido su presencia y su pacto. En el Nuevo Testamento, esto se cumple en Cristo: la ciudadanía celestial se recibe por fe en Él, no por pertenecer a cualquier tradición religiosa.
¿Qué significa «nacer en Sion» en el Salmo 87?
«Nacer en Sion» es una metáfora de la ciudadanía espiritual. No se refiere a un nacimiento físico en Jerusalén, sino a ser inscrito por Dios como miembro de su pueblo. El salmo usa la imagen de un censo divino (v. 6) donde Dios mismo registra a los ciudadanos de Sion. Esto anticipa el nuevo nacimiento del que habla Jesús en Juan 3: ser hijo de Dios por fe, no por descendencia natural.
¿Por qué se mencionan naciones enemigas en el Salmo 87?
La lista de naciones —Egipto, Babilonia, Filistea, Tiro y Cus— representa a los enemigos históricos de Israel. Al mencionarlas, el salmista subraya la magnitud de la gracia de Dios: no solo salva a los amigos, sino también a los adversarios. Es una declaración profética de que el evangelio alcanzaría a todos los pueblos, cumpliendo la promesa a Abraham de que todas las naciones serían bendecidas en su descendencia (Gn 12:3).
¿Cómo se relaciona el Salmo 87 con el Nuevo Testamento?
El Salmo 87 es un anticipo de la inclusión de los gentiles en la iglesia. En Efesios 2:11-22, Pablo explica que los que antes estaban lejos —los no judíos— han sido acercados por la sangre de Cristo y son ahora conciudadanos de los santos. La imagen del censo divino en el salmo prefigura el libro de la vida en Apocalipsis 21:27. El versículo 7, con sus «fuentes» en Sion, encuentra eco en Jesús, la fuente de agua viva (Jn 4:14; 7:38).