Salmos 35 es un lamento individual de David, quien clama a Dios por liberación de sus enemigos. El salmo se mueve desde una súplica urgente por defensa divina (vv. 1-10), pasando por una queja amarga contra la traición de quienes le devuelven mal por bien (vv. 11-18), hasta una petición final de vindicación y una promesa de alabanza (vv. 19-28). Es un grito de justicia en medio de la persecución injusta, que anticipa la vindicación final del justo sufriente.
Contexto histórico
Este salmo, atribuido a David, probablemente fue compuesto durante uno de los períodos de persecución que enfrentó, ya sea bajo Saúl (1 S 18-26) o durante la rebelión de Absalón (2 S 15-18). El lenguaje militar —escudo, lanza, armadura— refleja la realidad de un rey guerrero que conocía la batalla tanto física como espiritual.
Culturalmente, la acusación de "devolver mal por bien" (v. 12) era una grave violación del pacto de lealtad que regía las relaciones en el antiguo Cercano Oriente. La hospitalidad y la reciprocidad eran valores sagrados; traicionar a quien te había ayudado era una ofensa que merecía la intervención divina. David no solo sufre ataques externos, sino la herida más profunda de la traición de amigos íntimos (v. 13-14).
Teológicamente, el salmo se sitúa en la tradición de los "salmos de imprecación", donde el salmista pide juicio sobre sus enemigos. Esto no es venganza personal, sino un llamado a que Dios actúe como Juez justo, defendiendo al inocente y estableciendo su reino de justicia.
Versículo por versículo
- 1:
David abre con una metáfora militar: "Pleitea, oh Jehová, con los que contra mí pleitean; pelea contra los que me combaten." El verbo hebreo rivá (רִיבָה) significa "contender legalmente" o "litigar". David no pide venganza personal, sino que Dios entre como su abogado defensor y guerrero en el tribunal celestial. Es una oración por justicia divina, no por ajuste de cuentas humano.
- 3:
"...di a mi alma: Yo soy tu salvación." En medio del ruido de la batalla, David necesita una palabra interna de seguridad. La salvación (yeshuá, יְשׁוּעָה) no es solo liberación física, sino la certeza de que Dios está presente. Este versículo recuerda la promesa del Salmo 27:1: "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?"
- 7:
"Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma." La repetición de "sin causa" (jinám, חִנָּם) subraya la inocencia de David en esta situación. No es un justo perfecto, pero en este conflicto específico, él es la víctima inocente. Esto prefigura a Cristo, el Justo por excelencia perseguido sin causa (Jn 15:25).
- 9:
"Mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación." La transición de la queja a la confianza es abrupta pero genuina. David no espera a que la situación cambie para alabar; la alabanza nace de la fe en la fidelidad de Dios, no de las circunstancias. Es un acto de adoración profética.
- 10:
"Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú...?" La expresión "todos mis huesos" indica una alabanza total, que involucra todo el ser. La pregunta retórica "¿quién como tú?" (mi kamója, מִי כָמוֹךָ) es un eco del cántico de Moisés en Éxodo 15:11, celebrando la singularidad de Dios como libertador de los pobres y necesitados.
- 12:
"Me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma." Esta es la queja más dolorosa del salmo. David había mostrado compasión y ayuno por sus enemigos (vv. 13-14), pero ellos respondieron con traición. La ingratitud y la traición son heridas que solo Dios puede sanar. Este versículo encuentra su cumplimiento máximo en Judas, quien besó a Jesús después de haber compartido la mesa con Él (Mt 26:47-50).
- 13:
"Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma..." David describe su propia conducta piadosa hacia sus enemigos. El cilicio y el ayuno eran signos de duelo e intercesión. Él oró por ellos, pero ellos oraron contra él. La ironía es amarga: la bondad no siempre es recompensada con bondad en esta vida.
- 17:
"Señor, ¿hasta cuándo verás esto?" La impaciencia de David es comprensible. Dios parece demorar su intervención. La pregunta "¿hasta cuándo?" es un estribillo en los salmos de lamento (Sal 13:1; 74:10). No es falta de fe, sino una honestidad brutal que clama por la justicia de Dios. David pide que su vida —"mi única"— sea rescatada de los leones, metáfora de enemigos feroces.
- 21:
"...¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!" Los enemigos se burlan abiertamente de David, celebrando su caída como si fuera definitiva. La repetición de "ea, ea" (heaj, heaj, הֶאָח הֶאָח) imita el sonido de la burla y el regodeo. Es el lenguaje del triunfo malvado, que será invertido cuando Dios actúe.
- 27:
"Canten y alégrense los que están a favor de mi justicia, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que se complace en la paz de su siervo." El salmo termina con una nota de esperanza corporativa. La vindicación de David no es solo para su beneficio personal, sino para la gloria de Dios y el gozo de la comunidad de los justos. La "paz" (shalóm, שָׁלוֹם) de su siervo es el bienestar integral que Dios concede a los fieles.
- 28:
"Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día." La respuesta final de David a la liberación es la alabanza continua. La justicia de Dios (tsedaqá, צְדָקָה) no es solo un atributo, sino una acción salvadora que merece ser contada. El salmo, que comenzó con un grito de guerra, termina con un cántico de adoración.
Temas clave
- Justicia divina
- Persecución del justo
- Lamento y confianza
- Vindicación
- Alabanza como respuesta
Aplicación
Salmos 35 nos enseña que podemos llevar nuestras quejas más profundas a Dios sin temor a ofenderle. David no esconde su dolor ni su deseo de justicia; lo expresa con crudeza, pero siempre en el contexto de la relación de pacto con Dios. Esto nos libera de la falsa espiritualidad que exige una sonrisa permanente.
Al mismo tiempo, el salmo nos confronta con la realidad de la maldad humana. Hay personas que devuelven mal por bien, que traicionan la confianza y se alegran del sufrimiento ajeno. No debemos idealizar el mundo ni esperar que todos respondan con gratitud. Nuestra seguridad no está en la lealtad humana, sino en la fidelidad de Dios.
Finalmente, el salmo nos señala a Cristo, el Justo perseguido sin causa, que oró por sus enemigos incluso en la cruz. En Él, la vindicación no fue un reino terrenal inmediato, sino la resurrección y la exaltación a la diestra de Dios. Nuestra esperanza no es que todo salga bien ahora, sino que el Juez justo pondrá todas las cosas en su lugar en su tiempo perfecto.
Preguntas frecuentes
¿Es correcto orar pidiendo que Dios pelee contra mis enemigos?
Sí, siempre que entendamos que no se trata de venganza personal, sino de un llamado a la justicia divina. David ora "Pleitea, oh Jehová, con los que contra mí pleitean" (Sal 35:1), pidiendo que Dios actúe como Juez. El Nuevo Testamento nos llama a amar a nuestros enemigos (Mt 5:44), pero también a confiar en que Dios hará justicia (Ro 12:19). Podemos orar pidiendo que Dios detenga la opresión y vindique a los inocentes, dejando el juicio final en sus manos.
¿Qué significa "sin causa" en el Salmo 35:7?
La expresión "sin causa" (jinám en hebreo) indica que David era inocente de las acusaciones de sus enemigos. No había provocación ni razón justa para su persecución. Esto es importante porque David no se presenta como perfecto, sino como justo en este conflicto específico. Este concepto prefigura a Jesucristo, quien fue perseguido y ejecutado "sin causa" (Jn 15:25), siendo completamente inocente.
¿Por qué el Salmo 35 es considerado un salmo de imprecación?
Los salmos de imprecación son aquellos en los que el salmista pide juicio y castigo sobre sus enemigos. En Salmos 35, David pide que "su camino sea oscuridad y resbaladero" (v. 6) y que "la ruina le sobrevenga de repente" (v. 8). Estas peticiones no son maldiciones personales, sino llamados a que Dios actúe como Juez justo. Reflejan el deseo de que el mal sea derrotado y la justicia prevalezca, algo que el Nuevo Testamento también anticipa en el juicio final (Ap 20:11-15).
¿Cómo se relaciona el Salmo 35 con la vida de Jesús?
Jesús es el cumplimiento máximo del justo perseguido sin causa. Fue traicionado por un amigo cercano (Judas, Sal 35:12; Mt 26:47-50), acusado falsamente (Sal 35:11; Mt 26:59-61), y se burlaron de Él en la cruz (Sal 35:21; Mt 27:39-43). Sin embargo, a diferencia de David, Jesús no oró pidiendo juicio sobre sus enemigos, sino "Padre, perdónalos" (Lc 23:34). En Cristo, la justicia de Dios se cumple de manera inesperada: el Juez justo muere por los injustos.
¿Qué significa "todos mis huesos dirán" en el Salmo 35:10?
Es una expresión hebrea que indica una alabanza total y profunda, que involucra todo el ser. Los "huesos" representan la parte más íntima y estructural de la persona. David está diciendo que su alabanza a Dios no será superficial, sino que brotará desde lo más profundo de su ser. Es una respuesta existencial a la grandeza de Dios, que libera al pobre y al necesitado (v. 10).
¿Debemos esperar que Dios siempre nos libre de nuestros enemigos como en el Salmo 35?
El salmo expresa una confianza genuina en que Dios actúa a favor de los justos, pero no promete liberación inmediata en todos los casos. David mismo experimentó largos períodos de persecución antes de ser vindicado. El Nuevo Testamento nos enseña que, en esta vida, podemos sufrir por hacer el bien (1 P 3:17). Nuestra esperanza última no es la liberación terrenal, sino la resurrección y la vindicación final en Cristo, quien venció al enemigo definitivo: la muerte.