Romanos 4 es un capítulo clave en la argumentación de Pablo sobre la justificación por la fe. Usando a Abraham como el ejemplo principal, Pablo demuestra que la justicia se recibe por fe, no por obras de la ley. Abraham fue justificado antes de la circuncisión, lo que muestra que la fe, no el rito, es lo que cuenta. El capítulo también vincula la fe de Abraham con la fe en la resurrección de Cristo, estableciendo que todos los que creen son hijos espirituales de Abraham. La promesa viene por la fe, para que sea por gracia, segura para toda la descendencia.
Contexto histórico
Pablo escribe a una iglesia en Roma compuesta por judíos y gentiles. En los capítulos anteriores (Ro 1–3), ha establecido que tanto judíos como gentiles están bajo pecado y que la justicia de Dios se revela por la fe en Jesucristo. En Romanos 4, Pablo anticipa una objeción judía: si la justificación es por fe, ¿qué pasa con Abraham, el padre del pueblo judío? ¿No fue justificado por sus obras? Pablo responde usando la Escritura misma (Gn 15:6; Sal 32:1-2) para demostrar que Abraham fue justificado por fe antes de la circuncisión (Gn 17) y antes de la ley mosaica. Esto muestra que la fe es el camino original y universal para la justificación, no un invento cristiano posterior. El contexto cultural incluye la fuerte identidad judía en torno a la circuncisión y la ley, que Pablo reinterpreta a la luz de Cristo.
Versículo por versículo
- 1:
Pablo pregunta: «¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?». La pregunta surge de la conclusión del capítulo anterior (Ro 3:28) de que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Pablo anticipa la objeción de que Abraham, el padre del pueblo judío, fue justificado por obras. La respuesta de Pablo mostrará que no fue así.
- 2:
«Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios». Pablo concede que, humanamente hablando, Abraham podría jactarse de sus obras. Pero ante Dios, la jactancia queda excluida. La justificación por obras daría lugar al orgullo humano; la justificación por fe da toda la gloria a Dios.
- 3:
«Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia». Pablo cita Génesis 15:6, el texto fundamental. El verbo «creyó» (he'emín en hebreo) implica confianza activa, no mero asentimiento intelectual. «Le fue contado» (logizomai en griego) es un término contable: Dios acredita justicia a la cuenta de Abraham como un don, no como un salario.
- 4:
«Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda». Pablo contrasta el salario (debido) con la gracia (don). Si la justificación fuera por obras, Dios le debería justicia al hombre. Pero Pablo insiste en que la justificación es un regalo gratuito, no una deuda.
- 5:
«Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia». Esta es una declaración sorprendente: Dios justifica al impío. No se requiere que el pecador se vuelva justo primero; la fe en el Dios que justifica es lo único que se necesita. La justicia es imputada, no infundida.
- 6:
«Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras». Pablo cita Salmo 32:1-2, donde David describe la felicidad del que recibe el perdón. La conexión es clara: la justicia imputada y el perdón de pecados son dos caras de la misma moneda.
- 9:
«¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión?». Pablo plantea la cuestión de quiénes son los beneficiarios. Si la justificación es por fe, entonces los gentiles (incircuncisos) también pueden recibirla. La respuesta de Pablo es que Abraham fue justificado antes de ser circuncidado (Gn 15 antes de Gn 17).
- 11:
«Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso». La circuncisión no es la causa de la justicia, sino su señal y sello. Abraham es padre de todos los creyentes, tanto de los circuncisos como de los incircuncisos, porque su paternidad se basa en la fe, no en el rito.
- 13:
«Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe». La promesa a Abraham (Gn 12:3; 22:18) no dependía de la ley, que vino siglos después (Gá 3:17). La herencia del mundo (una expansión de la promesa de la tierra) se recibe por la fe, no por la observancia legal.
- 17:
«Dios, que da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen». Pablo describe el carácter del Dios en quien Abraham creyó. Es el Dios que resucita a los muertos y que crea de la nada. Esta descripción prepara el terreno para la conexión con la resurrección de Cristo en el versículo 24.
- 18:
«Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones». Abraham esperó contra toda evidencia humana: su cuerpo estaba «como muerto» (v. 19) y Sara era estéril. Su fe no ignoraba la realidad, sino que confiaba en el poder de Dios por encima de ella.
- 22:
«Por lo cual también su fe le fue contada por justicia». Pablo repite el estribillo de Génesis 15:6. La fe de Abraham no fue una obra meritoria, sino el instrumento por el cual recibió la justicia de Dios. La justicia sigue siendo un don.
- 23:
«Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada». Pablo aplica la Escritura a sus lectores. El relato de Abraham no es mera historia antigua; es un modelo para todos los que creen.
- 24:
«Sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que resucitó de los muertos a Jesús, Señor nuestro». La fe que justifica tiene un contenido específico: la resurrección de Jesús. Así como Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos, nosotros creemos en el Dios que resucitó a Cristo.
- 25:
«El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación». Este versículo resume el evangelio: la muerte de Cristo fue por nuestros pecados (expiación), y su resurrección fue para nuestra justificación (declaración de justicia). La resurrección es la confirmación de que la obra de Cristo fue aceptada y que la justificación está asegurada.
Temas clave
- Justificación por la fe
- Abraham como padre de todos los creyentes
- Fe frente a obras de la ley
- La promesa como don gratuito
- La resurrección de Cristo y nuestra justificación
Aplicación
Romanos 4 nos libera de la carga de tener que ganarnos el favor de Dios. La justificación no es un salario que merecemos, sino un regalo que recibimos por fe. Esto no nos lleva a la pasividad, sino a una confianza activa en el Dios que resucita a los muertos. Cuando enfrentamos situaciones imposibles —como Abraham con su cuerpo «muerto»—, estamos llamados a creer que Dios puede hacer lo que promete. La fe no ignora la realidad, sino que confía en el poder de Dios por encima de ella. Además, este capítulo nos recuerda que la comunidad de los creyentes no se define por ritos externos (circuncisión, bautismo) sino por la fe en Cristo. Somos hijos de Abraham no por linaje, sino por la misma fe que él tuvo. La resurrección de Jesús es la garantía de que nuestra justificación es segura y definitiva.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que la fe de Abraham le fue contada por justicia?
Significa que Dios consideró la fe de Abraham como el fundamento para declararlo justo. No fue la fe misma la que se convirtió en justicia, sino que Dios, en su gracia, acreditó justicia a la cuenta de Abraham basándose en su fe. Es un acto forense: Dios declara justo al pecador que confía en Él, no porque el pecador sea justo en sí mismo, sino porque la justicia de Cristo le es imputada (Ro 4:3; 2 Co 5:21).
¿Por qué Pablo usa a Abraham como ejemplo de justificación por la fe?
Pablo usa a Abraham porque era la figura más venerada del judaísmo, considerado el padre del pueblo elegido. Si Abraham, el paradigma de la piedad, fue justificado por fe y no por obras, entonces la justificación por fe es el camino original y universal. Además, Abraham vivió antes de la ley mosaica y antes de la circuncisión, lo que demuestra que la fe es anterior y superior a cualquier rito o ley (Ro 4:9-12).
¿Cuál es la relación entre la fe de Abraham y la fe en Cristo?
Pablo establece un paralelo directo: Abraham creyó en el Dios «que da vida a los muertos» (Ro 4:17), y nosotros creemos en el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (Ro 4:24). La fe de Abraham se dirigía al mismo Dios que prometió un hijo en circunstancias imposibles; nuestra fe se dirige al mismo Dios que cumplió la promesa suprema en la resurrección de Cristo. Ambas son fe en el Dios de la resurrección.
¿Qué significa que la circuncisión es «señal» y «sello» de la justicia de la fe?
Pablo explica que Abraham recibió la circuncisión después de ser justificado por fe (Gn 15 antes de Gn 17). La circuncisión no era la causa de su justicia, sino una señal externa que confirmaba y sellaba la justicia que ya poseía por fe. De igual manera, el bautismo no salva, sino que es una señal del nuevo nacimiento y del perdón de pecados que ya se reciben por la fe en Cristo (Col 2:11-12).
¿Cómo se aplica Romanos 4 a la vida cristiana hoy?
Romanos 4 nos enseña que nuestra relación con Dios no se basa en nuestro desempeño religioso, sino en la confianza en sus promesas. Esto nos da seguridad: si Dios justificó a Abraham por fe, también nos justifica a nosotros por la misma fe. Nos libera de la ansiedad de tener que merecer el favor divino y nos invita a confiar en el Dios que resucita a los muertos, incluso cuando nuestras circunstancias parecen sin esperanza.