Comentario de Jeremías 36

Jeremías 36 narra un momento crucial en el ministerio del profeta: la escritura del rollo con las profecías de juicio contra Judá, su lectura pública en el templo y luego ante los oficiales del rey Joacim, y la impactante destrucción del rollo por parte del rey mismo. El capítulo contrasta la respuesta humilde de algunos (como Baruc y los oficiales) con el desprecio arrogante de Joacim, quien corta y quema las palabras de Dios. Sin embargo, el Señor ordena a Jeremías que escriba un segundo rollo, demostrando que Su palabra no puede ser silenciada ni destruida. Es un poderoso testimonio de la soberanía de Dios sobre Su revelación y la responsabilidad humana de responder a ella.

Contexto histórico

Este capítulo se sitúa en el año 605 a.C. (el cuarto año de Joacim, rey de Judá), un momento de gran tensión política. El Imperio Babilónico, bajo Nabucodonosor, acababa de derrotar a Egipto en la batalla de Carquemis, consolidando su dominio sobre la región. Judá se encontraba atrapada entre dos superpotencias, y la tentación de confiar en alianzas políticas (especialmente con Egipto) era fuerte.

Jeremías, que había profetizado durante décadas el juicio venidero, recibe la orden de escribir todas sus profecías en un rollo. El profeta estaba "detenido" (v. 5), probablemente impedido de entrar al templo por razones no especificadas, quizás por la hostilidad de las autoridades. Por eso, dicta a su fiel escriba Baruc, quien las lee públicamente. El contexto cultural incluye la práctica de leer documentos proféticos en el templo durante días de ayuno, cuando el pueblo se reunía. La reacción del rey Joacim al quemar el rollo no es solo un acto de ira personal, sino un gesto político y teológico: un rechazo deliberado a la autoridad de la palabra profética y, por tanto, a la soberanía de YHWH sobre la historia.

Versículo por versículo

  • 1:

    El capítulo se abre con una precisión cronológica: el cuarto año de Joacim, hijo de Josías. Esto sitúa el evento en el 605 a.C., justo cuando Babilonia emerge como potencia mundial. La palabra de YHWH viene a Jeremías, iniciando una secuencia de obediencia profética.

  • 2:

    Dios ordena a Jeremías: "Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, contra Judá y contra todas las naciones, desde el día que te hablé, desde los días de Josías hasta hoy". La instrucción abarca más de veinte años de profecía (desde el 627 a.C.). El rollo no es solo un registro histórico; es un testimonio escrito del largo y paciente llamamiento de Dios al arrepentimiento.

  • 3:

    El propósito divino es claro: "Quizás oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se vuelva cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado". La palabra "quizás" (ulay אולי) revela la tensión entre la soberanía divina y la responsabilidad humana. Dios desea genuinamente el arrepentimiento, pero no fuerza la respuesta. El juicio anunciado no es un destino ciego, sino una advertencia que busca restauración.

  • 4:

    Jeremías llama a Baruc, hijo de Nerías, quien escribe en el rollo "todas las palabras que Jehová le había hablado". Baruc no es un mero copista; es un colaborador fiel que arriesga su vida al asociarse con el profeta marginado. La relación entre Jeremías y Baruc prefigura la transmisión autoritativa de la revelación: el profeta recibe, el escriba registra.

  • 9:

    En el quinto año de Joacim (604 a.C.), se proclama un ayuno en Jerusalén. Este contexto religioso público es el escenario elegido por Baruc para leer el rollo. El ayuno, en teoría un acto de humillación ante Dios, se convierte irónicamente en la ocasión para que el pueblo escuche la palabra que exige un verdadero arrepentimiento.

  • 14:

    Los oficiales de Judá, al oír el contenido del rollo de labios de Micaías, envían a Jehudí a buscar a Baruc. Le dicen: "Ven y lee el rollo delante de nosotros". Este grupo de líderes (entre ellos Elisama, Delaías, y Gemarías) muestra una mezcla de temor y curiosidad. Su reacción inicial es seria: "Ciertamente daremos cuenta al rey de todas estas palabras" (v. 16). Reconocen la gravedad del mensaje.

  • 23:

    El clímax del capítulo: mientras Jehudí lee tres o cuatro columnas del rollo, el rey Joacim las corta con un cuchillo de escriba y las arroja al fuego del brasero. El acto es deliberado y simbólico. Joacim no solo rechaza el mensaje; intenta destruir la palabra misma. Es un gesto de rebelión absoluta contra la autoridad de Dios, un intento de silenciar la verdad quemándola.

  • 24:

    El narrador contrasta la reacción del rey con la de sus siervos: "Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras". Rasgar las vestiduras era una señal de duelo y arrepentimiento (cf. 2 R 22:11, cuando el rey Josías oyó la ley). Joacim, hijo del reformador Josías, muestra una dureza de corazón opuesta a la de su padre. La ausencia de temor es una condena silenciosa.

  • 28:

    Dios responde al desafío de Joacim con una orden: "Toma otro rollo y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá". La palabra de Dios no puede ser destruida. El fuego humano no tiene poder sobre la revelación divina. Este versículo es un poderoso recordatorio de la indestructibilidad de la Escritura.

  • 30:

    El juicio sobre Joacim es específico: "No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cadáver será echado al calor del día y al hielo de la noche". La profecía se cumplió cuando Joacim murió (probablemente asesinado) y su cuerpo fue tratado con deshonra (cf. 22:18-19). Su hijo Joaquín reinó solo tres meses antes de ser deportado a Babilonia.

  • 32:

    El capítulo concluye con la fidelidad de Jeremías y Baruc: toman otro rollo, y Baruc escribe de nuevo "todas las palabras del libro que quemó Joacim rey de Judá; y además fueron añadidas muchas otras palabras semejantes". La palabra de Dios no solo se restaura, sino que se expande. El juicio sobre el rey rebelde no detiene el plan redentor de Dios.

Temas clave

  • La indestructibilidad de la Palabra de Dios
  • El rechazo humano a la autoridad divina
  • La fidelidad en la transmisión de la revelación
  • El contraste entre el arrepentimiento y la obstinación
  • La soberanía de Dios sobre la historia y los reyes

Aplicación

Jeremías 36 nos confronta con una pregunta incómoda: ¿qué hacemos cuando la Palabra de Dios nos incomoda? Joacim quemó el rollo, pero el fuego no borró la verdad; solo selló su propio juicio. Nosotros quizás no quemamos Biblias, pero podemos "quemar" la Palabra de forma más sutil: ignorándola, reinterpretándola para que se ajuste a nuestros deseos, o simplemente dejando de leerla cuando nos confronta.

La respuesta correcta no es la de Joacim, sino la de Josías, su padre, que rasgó sus vestiduras al oír la ley (2 R 22). El arrepentimiento no es un sentimiento de culpa pasajero, sino un volverse activo hacia Dios. La buena noticia es que, aunque fallamos, la Palabra de Dios permanece. Cristo es la Palabra viva (Jn 1:1) que no fue silenciada ni por la cruz ni por el sepulcro. Su resurrección es la garantía de que toda palabra de Dios se cumplirá, para juicio del rebelde y para salvación del que se arrepiente.

Preguntas frecuentes

¿Por qué quemó el rey Joacim el rollo de Jeremías?

Joaquim quemó el rollo como un acto de rebelión deliberada contra la autoridad de Dios. El mensaje de Jeremías anunciaba juicio contra Judá por su idolatría e injusticia, y llamaba al arrepentimiento. El rey, en lugar de humillarse ante la palabra profética, intentó destruirla físicamente. Era un gesto simbólico de rechazo total: si no podía controlar el mensaje, lo eliminaría. Sin embargo, Dios le mostró que Su palabra no puede ser destruida por el fuego humano (Jer 36:28).

¿Quién fue Baruc en la Biblia?

Baruc, hijo de Nerías, fue el fiel escriba y compañero del profeta Jeremías. En Jeremías 36, Baruc escribe el rollo de las profecías bajo el dictado de Jeremías y lo lee públicamente en el templo. Era un hombre de posición social (su hermano era un oficial real), pero eligió asociarse con el profeta perseguido. Su fidelidad le costó el exilio en Egipto (Jer 43:6). Baruc es un ejemplo de lealtad a la Palabra de Dios incluso cuando es impopular y peligroso.

¿Qué significa que Dios mandó escribir un segundo rollo?

La orden de Dios de escribir un segundo rollo (Jer 36:28) demuestra que Su palabra es indestructible. El fuego del rey Joacim no pudo anular la revelación divina. Al contrario, el segundo rollo no solo contenía las mismas palabras, sino que "fueron añadidas muchas otras palabras semejantes" (v. 32). Esto subraya la soberanía de Dios: ningún poder humano puede silenciar Su mensaje. También es un tipo de la perseverancia de la Escritura a través de la historia, culminando en Cristo, la Palabra viva.

¿Cuál fue el pecado específico de Joacim?

El pecado de Joacim no fue solo quemar un rollo, sino un patrón de vida marcado por la injusticia, la opresión y la idolatría (cf. Jer 22:13-17). Construyó su palacio con trabajo forzado y derramó sangre inocente. Al quemar el rollo, Joacim rechazó la última oportunidad de arrepentimiento que Dios le ofrecía. Su acto fue la culminación de una vida de desobediencia. Dios lo juzgó con una muerte ignominiosa: su cadáver fue echado fuera de Jerusalén, sin sepultura digna (Jer 36:30).

¿Dónde ocurrió la lectura del rollo de Jeremías?

La primera lectura pública del rollo ocurrió en el templo de Jerusalén, en la cámara de Gemarías, hijo de Safán, que estaba en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva (Jer 36:10). Era un lugar público y estratégico, donde el pueblo se reunía durante el ayuno. Posteriormente, el rollo fue leído ante los oficiales del rey en la casa del secretario Elisama (v. 12, 20). Finalmente, fue llevado al palacio real, donde Joacim lo escuchó y lo quemó.